Una narradora joven en Dublín se entrega a una obsesión devastadora con Ciaran, un hombre de belleza casi irreal a quien conoce en una galería de arte.
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Una narradora joven en Dublín se entrega a una obsesión devastadora con Ciaran, un hombre de belleza casi irreal a quien conoce en una galería de arte. Lo que empieza como fascinación se convierte en una autopsia íntima del deseo, la dependencia y la necesidad de ser amada, narrada con una honestidad cruda que no rehúye la vergüenza ni la autocrítica.
La protagonista de esta novela en primera persona reconstruye, desde la distancia del tiempo transcurrido, el origen y el desarrollo de una relación que la marcó de manera irreversible. Todo comienza en una galería dublinesa, donde reconoce a un hombre —Ciaran, mitad danés, mitad irlandés— al que ya había visto antes en una biblioteca y cuya belleza física describe con un detalle casi devocional. Ese primer encuentro, cargado de una mezcla de deseo y compasión que ella misma no sabe nombrar sin recurrir a la palabra amor, desata una espiral de necesidad que ocupará el resto del relato.
A través de capítulos breves y fragmentarios, la narradora intercala el presente de su enamoramiento con retazos de su vida anterior: los años de bebida descontrolada, las resacas que la sumían en un miedo casi metafísico, los amoríos fugaces con hombres mayores o inalcanzables, y la amistad entrañable —y a la larga dolorosa por su asimetría— con su compañera de piso Lisa, quien representa una estabilidad emocional que ella admira pero no logra replicar. La narradora se examina sin piedad: analiza su propia búsqueda de validación a través del deseo ajeno, su convicción juvenil de que el amor era una fuerza redentora capaz de dar sentido a cualquier sufrimiento, y la forma en que su cuerpo y su comportamiento social fueron moldeados por la necesidad de ser mirada, deseada y perdonada.
La relación con Ciaran, apenas iniciada, ya revela grietas: silencios incómodos, una calma en él que ella interpreta alternativamente como profundidad o como indiferencia, y una entrega de ella que roza la autoanulación. El texto no ofrece una historia de amor convencional, sino una disección minuciosa —a veces irónica, a veces desgarradora— de cómo el deseo de ser amada puede convertirse en una forma de desaparición personal. Referencias literarias (Carver, R. D. Laing, Faulkner, el Nuevo Testamento) puntúan la reflexión de la narradora sobre el sufrimiento, la adicción y la fe sustituta que deposita en el amor romántico.
Más que la crónica de un romance, esta es la autopsia de una mujer joven tratando de entender sus propios patrones de autodestrucción, contada con una voz íntima, mordaz y profundamente consciente de sus propias contradicciones.