«Actuar bien», de Santiago Andrés Sarubbi Argamasilla, es un ensayo breve de tono aforístico que propone una idea sencilla y exigente a la vez: la calidad de una vida —y, por extensión, la de una sociedad— se decide en la manera concreta…
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«Actuar bien», de Santiago Andrés Sarubbi Argamasilla, es un ensayo breve de tono aforístico que propone una idea sencilla y exigente a la vez: la calidad de una vida —y, por extensión, la de una sociedad— se decide en la manera concreta de ejecutar cada acción. Entre la filosofía práctica, la ética, la psicología y la espiritualidad, el libro reúne sentencias, reflexiones e intuiciones que enlazan el cuidado del cuerpo, la salud mental y el respeto mutuo con problemas de escala mayor: la crisis, la violencia, el deterioro ambiental. Su formato fragmentario invita más a la relectura pausada que a la lectura lineal.
El punto de partida de «Actuar bien» es deliberadamente modesto: antes que las grandes doctrinas, están los gestos. Cómo se mueve uno por su casa, cómo coloca los objetos, con qué tono habla, con cuánta atención realiza una tarea sencilla. Santiago Andrés Sarubbi Argamasilla convierte esa escala mínima en el núcleo de un ensayo que sostiene que la acción bien hecha —consciente, sin prisa, sin daño propio ni ajeno— es a la vez una práctica de salud, una disciplina ética y una forma de conocimiento.
El libro se organiza como una sucesión de fragmentos: máximas, definiciones, enumeraciones, observaciones sobre la vida cotidiana y citas de tradiciones diversas que van del pensamiento clásico a la psicología contemporánea. De ese mosaico emerge un vocabulario propio, insistente y reconocible, construido sobre las nociones de autoconciencia, autocontrol, autodeterminación e inocencia adulta. La repetición no es aquí un descuido sino un método: el autor vuelve una y otra vez sobre las mismas ideas para fijarlas, como quien ensaya un movimiento hasta que deja de costar esfuerzo.
Varios ejes recorren el conjunto. El primero vincula conducta y salud: obrar sin error, sin gasto innecesario de energía y cuidando la dinámica de los movimientos corporales se presenta como una vía para preservar el bienestar físico y mental. El segundo es el respeto, entendido no como una fórmula de cortesía sino como un comportamiento expresivo que se contagia y que, multiplicado, produce convivencia. El tercero atiende a la relación con las cosas: los objetos, las máquinas y las viviendas bien fabricadas merecen ser usadas con cuidado, porque en ellas está el trabajo de otras personas y porque la durabilidad, sostiene el autor, es un signo de verdadera evolución. Un cuarto eje aborda la cooperación —el trabajo, el dinero, el crédito, la empresa— desde la convicción de que las fuerzas asociadas para el bien no se suman, se multiplican.
El prólogo sitúa estas páginas en un horizonte de época. Escrito desde la constatación de un mundo tensionado por la violencia, los desplazamientos forzados, la desigualdad y la emergencia ecológica, presenta el texto como un conjunto de ideas-fuerza destinadas a la reflexión y a la acción cotidiana, y recoge una de las tesis centrales del autor: que formamos parte de un mismo equipo, el de la conciencia humana, y que el destino compartido depende de lo que ese equipo hace.
No se trata de un tratado sistemático ni pretende serlo. «Actuar bien» funciona más bien como un cuaderno de trabajo interior, un repertorio de fórmulas para volver a leerlas, discutirlas y llevarlas al día concreto. El lector encontrará un texto de convicción firme, a ratos programático, que apuesta por la bondad como una capacidad entrenable y por la paz como consecuencia práctica de miles de acciones pequeñas realizadas con atención. Interesará a quien busque lecturas sobre ética aplicada, desarrollo personal, espiritualidad laica y filosofía práctica, y a quien disfrute de los libros que se leen a saltos, subrayando.