Una novela de doble voz que entrelaza la memoria afectuosa de un niño hacia su abuelo, campesino manchego, con el diario de una adolescente que intenta echar raíces en un Madrid que le resulta ajeno.
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Una novela de doble voz que entrelaza la memoria afectuosa de un niño hacia su abuelo, campesino manchego, con el diario de una adolescente que intenta echar raíces en un Madrid que le resulta ajeno.
La obra se construye como un mosaico de recuerdos y anotaciones íntimas que avanzan en paralelo. Por un lado, un joven narrador rememora, con calidez y un punto de humor costumbrista, su infancia junto a Santos, su abuelo, un campesino de La Mancha curtido por el trabajo de la tierra, las viñas y los olivos, y marcado por la memoria de la guerra civil y por una forma de vida que choca con las costumbres modernas de sus hijos. A través de anécdotas cotidianas —paseos por el parque, jornadas en el plantío, la muerte de una vieja mula de labranza, lecturas compartidas, tradiciones de boda y de cine de pueblo— se dibuja el vínculo entre dos generaciones y la transmisión de una identidad rural que el niño hace suya con orgullo. Frente a este relato oral y evocador, se intercalan las páginas del diario de Laura, una chica que acaba de mudarse a Madrid desde Santander y que atraviesa el desarraigo de empezar de nuevo en un colegio y un barrio desconocidos. En sus anotaciones va registrando la nostalgia por lo dejado atrás, las tensiones familiares propias de la adolescencia y el surgimiento de una amistad —con matices de primer interés romántico— con un chico del edificio, Álvaro, el mismo cuya niñez junto al abuelo se ha ido narrando en paralelo. El resultado es un relato coral sobre el paso del tiempo, la pertenencia a un lugar y a una familia, y la manera en que los afectos heredados y los nuevos vínculos ayudan a sostenerse frente al cambio.