En la Barcelona de 1991, agitada por la fiebre olímpica y la especulación inmobiliaria, un matrimonio de largos años ve tambalearse su mundo cuando llega una carta de desahucio.
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En la Barcelona de 1991, agitada por la fiebre olímpica y la especulación inmobiliaria, un matrimonio de largos años ve tambalearse su mundo cuando llega una carta de desahucio. Contada en capítulos alternos por Teresa y Simón, la novela recorre el nacimiento y el desgaste de una pasión, desde el deslumbramiento adolescente hasta el rencor doméstico, para preguntarse qué queda del amor cuando se convierte en costumbre y qué se libera cuando esa costumbre se rompe.
Barcelona, finales de 1991. Mientras la ciudad se transforma al ritmo especulativo de unas Olimpiadas inminentes, Teresa y Simón reciben la noticia que llevaban años temiendo, o esperando, según quién de los dos hable: la propietaria del piso familiar donde Simón ha vivido desde su nacimiento reclama la vivienda para su nieto. Ese aviso notarial hace estallar dos décadas de convivencia y obliga a la pareja a mirar de frente lo que su matrimonio se ha ido convirtiendo con el tiempo.
La novela se construye como un contrapunto de voces: los capítulos de Teresa y los de Simón se suceden y se contradicen, ofreciendo dos versiones de la misma historia. Ella, criada en un piso modesto del barrio de Sants, hija de una modista y un mecánico, recuerda el día en que un par de zapatos robados a la tentación la llevaron hasta el salón de ajedrez del Ateneo Barcelonés, donde conoció al hombre alto y seguro de sí mismo que la comparó con la heroína de una novela y que, sin proponérselo, la sedujo con la sola autoridad de su voz. Simón, heredero de una familia venida a menos, de fábricas vendidas y hermanas solteronas, de una casa llena de retratos y muebles que son también una forma de duelo, aporta la otra mitad del relato: la de quien nunca imaginó que su reino de reliquias y rutinas pudiera tener fecha de caducidad.
A partir del amenazado desahucio, la narración retrocede y avanza en el tiempo para reconstruir el arco completo de la relación: el deslumbramiento inicial, la desigualdad de origen social convertida en fascinación mutua, el peso de una casa-mausoleo custodiada durante años por un viejo coronel y sus partidas de ajedrez de los martes, y el lento reemplazo del deseo por el tedio, la costumbre y, finalmente, un resentimiento que Teresa no se molesta ya en disimular. La crisis de la vivienda actúa como detonante que obliga a ambos a sincerarse —el uno consigo mismo, la otra con el lector— sobre lo que realmente sienten el uno por el otro después de tantos años.
Con un pulso irónico y una prosa atenta al detalle social y material —la ropa, los zapatos, los muebles, el dinero, las clases—, la obra retrata un matrimonio como campo de batalla y como espejo de una ciudad en plena mutación, y examina con lucidez cómo la intimidad prolongada puede convertirse tanto en refugio como en cárcel.
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