Entre 1983 y el inicio de los bombardeos posteriores al 11 de septiembre de 2001, Jorge Melgarejo cruzó treinta veces y de forma clandestina la frontera entre Pakistán y Afganistán.
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Entre 1983 y el inicio de los bombardeos posteriores al 11 de septiembre de 2001, Jorge Melgarejo cruzó treinta veces y de forma clandestina la frontera entre Pakistán y Afganistán. De esos viajes nace este libro: una crónica en primera persona que combina el relato del reportero con una reconstrucción histórica de más de dos décadas de conflicto. El autor parte de Peshawar —ciudad de refugiados, guerrilleros, cooperantes y personajes a la deriva— para adentrarse en un país invadido, y allí entrevista a comandantes de la resistencia, observa la vida cotidiana bajo los bombardeos y registra el precio civil de una guerra que Occidente prefirió llamar olvidada. El resultado es un testimonio sobre el oficio de informar desde el terreno y sobre un pueblo cuya historia se cuenta casi siempre desde fuera.
Hay guerras que ocupan portadas y guerras que se libran a espaldas del mundo. Afganistán, durante buena parte del último cuarto del siglo XX, perteneció a la segunda categoría: diez años de ocupación soviética, casi seis millones de refugiados hacinados en los países vecinos, más de un millón de civiles muertos y un veto casi absoluto al trabajo de la prensa independiente. Este libro reúne lo que un corresponsal de guerra vio durante ese silencio.
Jorge Melgarejo comenzó a cubrir el conflicto afgano en 1983 y desde entonces atravesó treinta veces, sin autorización y por caminos de montaña, la frontera afgano-paquistaní. El punto de partida es siempre Peshawar: una ciudad fronteriza donde conviven la retaguardia política de la guerrilla, el goteo constante de refugiados, las organizaciones humanitarias, los traficantes, los espías y una fauna occidental difícil de clasificar. Desde allí, tras semanas de espera, gestiones y garantías —la resistencia exigía pruebas de que el visitante no trabajaba para el KGB—, se organizaba el paso al interior del país.
El libro alterna dos registros que se sostienen mutuamente. El primero es histórico y sirve de mapa: el reinado de Amanullah y sus reformas fallidas, las tres guerras angloafganas, la definición de las fronteras en 1896, la competencia de las grandes potencias por influir en la región, la nueva constitución de 1964, el golpe del príncipe Daud en 1973, la fractura entre las facciones Khalq y Parcham del partido comunista, el golpe de abril de 1978, el levantamiento de Herat y la entrada de los tanques soviéticos en las navidades de 1979. Ese recorrido explica por qué un país tradicionalmente periférico terminó convertido en tablero de intereses ajenos, y por qué los relatos que reducían el drama al «carácter belicoso de los afganos» decían más sobre la desinformación occidental que sobre sus protagonistas.
El segundo registro es el de la crónica vivida. Aparecen los comandantes de la guerrilla —Abdul Haq, sus operaciones militares, su escepticismo sobre las etiquetas de izquierda y derecha aplicadas a un pueblo invadido, su negativa cortés a mostrar prisioneros al primer visitante—, los interlocutores de los partidos con base en Peshawar, los intermediarios humanitarios y los colegas que hicieron del país su especialidad. Aparecen también las advertencias diplomáticas, los cambios de indumentaria, las esperas en habitaciones de hotel y la desconfianza necesaria para sobrevivir. Y aparece, sobre todo, la razón de fondo del bloqueo informativo: una población civil usada como escenario de pruebas y una amenaza explícita contra cualquier periodista que entrara sin permiso.
Escrito con la distancia justa para no convertir el riesgo en épica personal, el libro insiste en una idea sencilla: las historias de los pueblos también incluyen sus miserias, y olvidarlas equivale a autorizar la indiferencia. Cuando el autor cierra su relato, las bombas vuelven a caer sobre el mismo territorio con otras insignias en los aviones, y la pregunta que abre el volumen —cómo se cuenta lo que nadie quiere ver— sigue esperando respuesta.
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