Una novela policiaca canadiense en la que la muerte de un editor en el metro de Toronto, calificada de suicidio, desata una investigación que pondrá en duda las apariencias y arrastrará a una periodista a las pesquisas.
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Una novela policiaca canadiense en la que la muerte de un editor en el metro de Toronto, calificada de suicidio, desata una investigación que pondrá en duda las apariencias y arrastrará a una periodista a las pesquisas.
Una noche cualquiera en el metro de Toronto, el conductor John Hogg vive la pesadilla que todo trabajador del suburbano teme: un cuerpo cae bajo las ruedas de su tren en la estación de Roselade. La víctima es George Harris, un refinado y apreciado editor de sesenta años, dueño de la editorial Fitzgibbon & Harris, endeudada pero con un futuro que él mismo describía como prometedor. Todo apunta al suicidio, pero los testigos reunidos en el andén —un agente de bolsa nervioso, un taxista observador, una maestra jubilada, una pareja de jóvenes asustados— ofrecen versiones parciales y contradictorias que el inspector David Parr deberá empezar a hilvanar. La investigación lo lleva hasta Judith Hayes, periodista de treinta y ocho años que la noche anterior había entrevistado a Harris para un perfil destinado a la revista Saturday Night. Judith, ocupada esa misma jornada en digerir su propio cumpleaños, la rutina de sus dos hijos adolescentes y las estrecheces económicas de la vida cotidiana, se convierte en la última persona que habló con el editor antes de su muerte. Su testimonio, y sobre todo su convicción de que un hombre tan elegante y optimista jamás habría elegido morir de una forma tan sórdida, siembra la primera grieta en la versión oficial. Ambientada en el mundo editorial y en los rincones menos glamurosos del transporte público de Toronto, la obra combina el procedimiento policial clásico —el reglamento, los testigos, el papeleo de una muerte súbita— con una mirada intimista sobre la vida de una mujer que intenta sostener a su familia mientras se ve arrastrada, casi sin quererlo, a esclarecer una muerte que empieza a no cuadrar.