«Ahora» reúne una treintena de poemas de Yolanda Morató que toman el presente como única patria posible. Con un verso breve, coloquial y de filo irónico, la autora recorre la enfermedad, la sordera, el duelo, la burocracia y los rituales…
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«Ahora» reúne una treintena de poemas de Yolanda Morató que toman el presente como única patria posible. Con un verso breve, coloquial y de filo irónico, la autora recorre la enfermedad, la sordera, el duelo, la burocracia y los rituales domésticos para preguntarse qué queda de una vida cuando se la despoja de adornos. Lejos de la confesión complaciente, el libro construye una biografía deliberadamente no autorizada: la de cualquiera que descubre que lo esencial no se guarda bajo llave, sino que circula, se pierde y se recicla a la vista de todos.
Hay libros que se escriben desde la memoria y libros que se escriben contra ella. «Ahora», de Yolanda Morató, pertenece a una tercera categoría: la de quien decide plantarse en el instante y mirar desde ahí, sin nostalgia ni profecía. El volumen abre con una escena reveladora —la de quienes sellan sus tesoros con siete llaves frente a la intimidad desbordada que acaba en los contenedores de la calle— y de ese contraste extrae su poética: lo verdaderamente privado no se protege, se derrama; y al derramarse, alimenta otras vidas.
El recorrido avanza por territorios donde el cuerpo lleva la voz cantante. La enfermedad aparece sin épica ni autocompasión, como una escuela áspera que enseña a celebrar lo que aún funciona. La consulta médica se convierte en un pequeño teatro del malentendido, con dos personas a las que la ciencia acerca mientras el idioma las separa. La sordera se lee como una forma de humor involuntario y como una advertencia inquietante: en la mente de quien no oye, todas las voces suenan a hueco. Y el duelo por los hijos que no llegaron irrumpe en uno de los poemas más frontales del libro, una réplica serena y demoledora a quienes convierten la maternidad en jerarquía y la sororidad en club cerrado.
Junto a esa vertiente íntima corre otra, más social y burlona, atenta a la textura de lo cotidiano: las salas de espera donde media vida se consume, los PIN y contraseñas que colonizan la cabeza, las preguntas absurdas que el insomnio propone antes de que la actualidad imponga las suyas, los olores de una infancia de los años ochenta que regresan como un armario recién abierto. Morató se mueve con soltura entre el aforismo y la estampa, entre la ternura y el sarcasmo, y sabe cerrar un poema con un giro que reordena todo lo anterior.
Hay también una reflexión sostenida sobre la escritura misma. El libro desconfía de la lectura biográfica —esa costumbre de buscar en cada verso la vida de quien firma— y responde con una imagen precisa: el poema como fotografía robada, algo que es tuyo sin pertenecerte del todo. En esa tensión entre lo vivido y lo escrito, entre la confesión y la máscara, se juega buena parte de su fuerza. Padres que se leen como libros, mentiras que necesitan un cómplice dispuesto a creerlas, certezas que se cambian por dudas sin ticket de compra.
El balance llega con los años cumplidos y sin solemnidad: aprender a observar la batalla antes de entrar en ella, entender que el silencio pesa más que cualquier catarata de frases, aceptar que la mano que conduce hacia la vejez también enseña a mantenerse vivo. «Ahora» termina donde empieza, en la afirmación de un presente que no se aplaza. Un libro de madurez expresiva, escrito con una lengua limpia y sin retórica sobrante, que convierte la fragilidad en un modo lúcido —y a menudo divertido— de estar en el mundo.