Sonia cumple dieciocho años el día en que sale del instituto, convencida de que lo mejor de su vida está a punto de empezar. Unas horas después, un atraco en un callejón desierto lo cambia todo, y la joven descubre que su historia continúa…
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Sonia cumple dieciocho años el día en que sale del instituto, convencida de que lo mejor de su vida está a punto de empezar. Unas horas después, un atraco en un callejón desierto lo cambia todo, y la joven descubre que su historia continúa de una forma que jamás habría imaginado, acompañada por un guía sin nombre.
Es viernes y para Sonia, dieciocho años, es el último día de instituto: el final de los exámenes, de los pasillos conocidos, de una etapa que recuerda con una mezcla de melancolía y alivio. La novela arranca con la voz cercana y luminosa de la propia Sonia, que narra su jornada hora a hora mientras se despide del lugar donde creció y ordena, casi sin darse cuenta, el inventario de lo que la sostiene: una madre que le escribe mensajes emocionados, una hermana pequeña, Rebeca, y la ausencia de un padre que murió cuando ella tenía doce años y dejó a la familia aprendiendo a rehacerse.
A su alrededor gravitan las personas que han dado forma a esos años. Nerea, la amiga expansiva y magnética que reina en el instituto sin haber hecho daño a nadie; Virginia, discreta y reservada, con un corazón que pocos alcanzan a conocer y un silencio reciente que Sonia no sabe interpretar; Paolo, el compañero convertido en cantante famoso, a quien Sonia consoló una vez en un aula vacía durante los meses en que los rumores lo acosaban, y con quien nunca volvió a hablar pese a guardar aquel encuentro como algo íntimo y sin nombre; y Sergio, tres años mayor, vecino y mejor amigo, el chico que le explicó una tarde en un portal que los momentos decisivos de la vida ocurren sin música ni efectos especiales.
Ese último día, sin embargo, empieza a desajustarse. El plan de compras que las tres amigas repiten cada año se cancela con excusas apresuradas. Sergio, que jamás ha faltado a una cita, no aparece ni contesta al teléfono. Sonia acaba caminando sola por un barrio de oficinas que a media tarde se vacía por completo, y decide atajar por el callejón trasero de su edificio. Allí se cruza con un encapuchado que se tambalea, una navaja que no debía usarse y un atracador que huye aterrado por lo que acaba de hacer, dejándola desangrándose en el suelo mientras marca un último número de teléfono.
Lo que podría ser un final es en realidad el punto de partida. Sonia despierta sin dolor y sin cuerpo, y encuentra a su lado a un desconocido de ojos azules que la llama por su nombre, que conoce su edad, el nombre de su madre y hasta la enfermedad que se llevó a su padre. No es un ángel de la guarda, dice, sino su guía: alguien que ha estado con ella desde siempre y que ahora tiene algo que enseñarle para que pueda cerrar este capítulo y avanzar. Ni siquiera tiene nombre, así que Sonia le da uno, Jaime, y con ese gesto acepta a regañadientes el trato.
Escrita con una narración en presente que avanza marcada por la hora exacta, la obra combina la crónica luminosa de una despedida adolescente con un giro que la desplaza hacia lo sobrenatural e íntimo. Es un relato sobre la amistad que se demuestra cuando nadie mira, sobre los rumores y el acoso, sobre los planes que se rompen sin explicación y, sobre todo, sobre lo que queda pendiente cuando una vida se interrumpe demasiado pronto: los secretos que las personas más cercanas guardaban, las palabras que Sonia no llegó a decir y la pregunta de qué sentido tiene un adiós que aún no ha terminado de pronunciarse.
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