Una sátira futurista sobre un antiguo escritor caído en desgracia que malvive como 'verificador mnemónico' en una sociedad hipercontrolada por corporaciones, ministerios absurdos y un implacable sistema de vigilancia ciudadana, hasta que…
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Una sátira futurista sobre un antiguo escritor caído en desgracia que malvive como 'verificador mnemónico' en una sociedad hipercontrolada por corporaciones, ministerios absurdos y un implacable sistema de vigilancia ciudadana, hasta que una carta manuscrita e imposible de rastrear irrumpe en su rutina y pone en marcha una serie de sucesos que amenazan con desbaratar el frágil equilibrio que había reconstruido tras un escándalo mediático.
AKA, de José Ramón Pérez, narra en primera persona la vida de un hombre que, dos años después de ser absuelto de una acusación de plagio que arruinó su reputación como escritor, ha rehecho su existencia como ‘trabajador ajeno por cuenta propia’ en el oscuro oficio de verificador de recuerdos. Ambientada en un futuro cercano regido por corporaciones omnipresentes, ministerios de nombres grandilocuentes, torres de identificación ciudadana y un lenguaje corporativo que disfraza la precariedad laboral bajo eufemismos como ‘Líder de Colectivos Profesionales’, la novela retrata con humor corrosivo un mundo donde la vigilancia, el endeudamiento y la burocracia sustituyen a la libertad individual. El protagonista, resignado a su nueva posición social tras perder su antigua vida de fama, atraviesa jornadas marcadas por recortes salariales arbitrarios, jefes que fueron antes subordinados, clientes que buscan verificar recuerdos ajenos y un aparato estatal que regula hasta el carril por el que debe caminar de regreso a casa. La aparente calma se quiebra cuando recibe, de manos de un mensajero que logra burlar los sistemas de identificación urbanos, una carta escrita a mano cuyo origen es imposible de rastrear. Ese objeto insignificante en apariencia se convierte en el detonante de una cadena de acontecimientos que el propio narrador reconoce, mirando en retrospectiva, como el verdadero comienzo de todo lo que está por sucederle. Con un estilo de comedia negra y una prosa cargada de ironía sobre el lenguaje corporativo, la vigilancia estatal y la precariedad disfrazada de progreso, la obra construye un retrato mordaz de una sociedad que ha convertido la sumisión en virtud cívica.