AL DÍA [satírica-libre] reúne las anotaciones en verso que una voz ciudadana escribió entre finales de enero y comienzos de marzo de 2014, con la actualidad española y europea como único material de trabajo.
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AL DÍA [satírica-libre] reúne las anotaciones en verso que una voz ciudadana escribió entre finales de enero y comienzos de marzo de 2014, con la actualidad española y europea como único material de trabajo. Cada entrada lleva fecha y funciona como una página de hemeroteca: lo que ese día trajeron los periódicos y los telediarios —recortes, causas de corrupción, sentencias judiciales, protestas en la calle, muertes en la frontera— pasa por una rima suelta, deliberadamente áspera, que se despide siempre con la misma fórmula: «Disculpas por cualquier altisonancia, disonancia o dislate». El resultado es un cuaderno de indignación fechada, más cerca de la copla civil y del panfleto en verso que del poema de aliento lírico.
AL DÍA [satírica-libre] es una hemeroteca personal escrita en verso. Entre el 28 de enero y el 4 de marzo de 2014, una voz que se enuncia en femenino y en primera persona se sienta cada dos o tres días ante la televisión y los periódicos, y convierte lo que encuentra allí en estrofas de metro libre, rima intermitente y tono declaradamente satírico. El libro no narra una historia: acumula fechas. Cada anotación está encabezada por su día exacto, y esa datación es la estructura entera de la obra.
Lo que se registra es el clima político de un invierno concreto. Los escraches ante las puertas de los ministros; la sentencia que frena la privatización sanitaria y la que ordena readmitir a cuatrocientos interinos; los sobres, las comisiones y los cinco años de instrucción de una trama; el paro que sube mientras baja la afiliación; el precio de la luz y el cuarenta por ciento que ha subido la gasolina; las pateras y los ahogados frente a la costa; la ley de transparencia y lo que la autora cree que debería contener. También los asuntos que no son estrictamente de gobierno pero que la voz considera parte del mismo tejido: la jerarquía eclesiástica y su relación con el cuerpo de las mujeres, un caso de abusos amparado en un colegio religioso, la violencia machista tratada como estadística resignada, un currículum inventado.
El procedimiento es siempre el mismo y es lo que da unidad al conjunto. Un hecho de la semana entra en el poema sin transición ni contexto —se presupone que quien lee ha visto la misma noticia— y de ahí se salta a la invectiva, al refrán, a la comparación doméstica. La escalera de Jacob, Fuenteovejuna, la extremaunción, la feria de las vanidades, el rebaño que solo se bañaba cuando marchaban las nieves: el registro alterna sin aviso la cita culta, el dicho de abuelo y el insulto directo. Hay pasajes de enumeración indignada y otros en los que el verso se remansa y aparece algo parecido a un lamento existencial —la sensación de no estar en casa, de vivir en un cercado donde el amo decide si se sale—, antes de volver al titular del día.
La perspectiva no se disimula. El texto se sitúa a la izquierda, se dirige contra un gobierno al que nombra por sus actos más que por sus siglas, y reserva un espacio explícito de agradecimiento al periodismo que investiga y denuncia. Frente al inventario de agravios, la obra sostiene una tesis propia: que denunciar es en sí una forma de riqueza cívica, y que la única salida imaginable pasa por la transparencia aplicada al que gobierna, la devolución de lo robado y una educación que enseñe a tratar al ciudadano como algo valioso. El último tramo del libro se permite incluso formularlo como sueño: una corrupción desaparecida no por castigo, sino por costumbre aprendida en la escuela.
El valor de estas páginas es doble. Como literatura, son un ejercicio de sátira civil que asume sus propios excesos y pide disculpas por ellos al final de cada entrega, con una humildad formal que rara vez acompaña al panfleto. Como documento, conservan la temperatura exacta de unos meses de 2014 tal como se vivieron desde abajo: no el análisis posterior, sino la reacción del mismo día, escrita antes de saber en qué iba a acabar nada.