Mara Krick vuelve a la cancha de vóley decidida a competir en el torneo intercolegial más largo que su instituto haya organizado, y con un objetivo compartido por todo su equipo: frenar a Killian Di Santis, el capitán rival señalado por un…
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Mara Krick vuelve a la cancha de vóley decidida a competir en el torneo intercolegial más largo que su instituto haya organizado, y con un objetivo compartido por todo su equipo: frenar a Killian Di Santis, el capitán rival señalado por un escándalo del año anterior que nadie termina de contarle. Pero cuanto más se cruza con él —y con "Matt", la mascota enmascarada del equipo contrario—, más se le desordena la lista de requisitos del chico perfecto que guarda en un bollo de papel.
En el instituto de Mara Krick, el encuentro intercolegial es el acontecimiento del año: ocho semanas de competencia entre cinco colegios, con la clásica fiesta de bienvenida como apertura y el vóley en el centro de todas las conversaciones. Este año, sin embargo, el entusiasmo llega envenenado por un rumor que se propaga por los pasillos antes incluso de que suene la campana: Killian Di Santis, el capitán del equipo rival convertido en paria tras los incidentes de la temporada pasada, vuelve a estar habilitado para jugar. La comisión directiva lo aceptó. Nadie del entorno de Mara lo acepta.
Lo más incómodo, para ella, es que no sabe exactamente qué pasó. El secreto lo maneja un círculo reducido —los equipos masculinos de vóley, entre ellos su hermano Aaron y su amigo Alex—, y la información le llega en fragmentos: miradas cruzadas entre sus amigas Jude y Lena, mensajes a medias, silencios en el auto. Esa ignorancia forzada choca de frente con lo que Mara viene trabajando en terapia desde hace años: la ansiedad, la necesidad de controlar lo que no puede controlar, la costumbre de sobrepensar cada decisión hasta el agotamiento. Retomar las sesiones con el señor Davis no es casual; es la respuesta de su madre a un año que dejó marcas en todos.
La novela avanza en primera persona, alternando la voz de Mara con breves incursiones en la de Killian, que carga con la condena pública y con la certeza de haber hecho lo correcto aunque nadie quiera escucharlo. Alrededor se despliega un elenco de amistades bien dibujadas: Aaron, hermano mayor y capitán; Tyler, su inseparable; Leah y Alex, la pareja que le enseña a Mara cómo se ve una relación sana; Liam y Luke, a quienes todos consideran almas gemelas. Y detrás de las risas y los chistes sobre posiciones de juego, la herida familiar: un padre ausente cuya imprevisibilidad enseñó a Mara a comportarse de forma perfecta para no provocarlo, y una casa donde recibir amigos todavía incomoda.
Mara decide competir en vóley. Es su forma de no dejar solo a Aaron y también de reconciliarse con un deporte con el que pasó del amor al odio. El equipo se propone algo más: exponer a Killian y conseguir su expulsión del campeonato. Pero la fiesta de bienvenida introduce una dinámica de consignas entre colegios que obliga a mezclarse con el enemigo, y a partir de ahí las líneas se vuelven porosas. Killian, visto de cerca, empieza a cumplir sospechosamente bien varios puntos de esa lista que Mara escribió para descartar candidatos. Y “Matt”, la mascota enmascarada del equipo rival, se convierte en el interlocutor con el que más fácil le resulta hablar.
Romance juvenil deportivo escrito por Ponja Goya, creadora de contenido literario argentina con casi medio millón de seguidores, la novela combina el pulso del torneo —incluye glosario de vóley y playlist— con una mirada honesta sobre la salud mental adolescente, los vínculos familiares dañados y la distancia entre lo que se rumorea y lo que realmente ocurrió. Porque Mara no debe olvidar que todo esto, al final del día, no es más que un juego.
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