Tras la muerte del rey, la nana Sari huye del castillo con la pequeña princesa Alanys para protegerla de un peligro que aún no tiene nombre. Alanys entrelaza esa fuga con el relato de los tres hermanos mayores —Radmon, Dalior y Zael— y con…
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Tras la muerte del rey, la nana Sari huye del castillo con la pequeña princesa Alanys para protegerla de un peligro que aún no tiene nombre. Alanys entrelaza esa fuga con el relato de los tres hermanos mayores —Radmon, Dalior y Zael— y con la enfermedad que consume a la reina, dejando entrever que las hierbas que uno de los príncipes le administra podrían ser la verdadera causa de su declive.
En el reino de Eterliv, la muerte súbita del rey desata una huida desesperada: la nodriza Sari toma a la princesa Alanys, de apenas seis años, y escapa por los pasillos de servicio hacia el bosque, decidida a cumplir la promesa que le hizo a su reina de mantenerla a salvo cueste lo que cueste. El relato alterna esa travesía —marcada por el hambre, la sed, una granja donde deben mentir sobre su identidad y la compra apresurada de un caballo— con los recuerdos de Sari sobre el pasado de la familia real.
Esos recuerdos reconstruyen el temperamento de los tres príncipes que precedieron a Alanys: Radmon, disciplinado y consciente del peso de heredar la corona; Dalior, encantador y despreocupado, siempre rodeado de cortejos y de la atención de Madelen, hija de un noble local; y Zael, inquieto desde niño, que abandona el castillo durante años en busca de aventura y regresa transformado, con hábitos nocturnos y secretos que nadie más comparte. La narración detalla la coronación de Radmon en el lecho de muerte de su padre, el duelo colectivo y, poco después, el deterioro repentino de la reina Molena, cuya mente empieza a fallar tras beber, noche tras noche, una infusión de hierbas que solo Zael prepara.
A medida que la reina pierde la coherencia y advierte, en un arrebato de lucidez, que aparten a Alanys de su hermano Zael, Sari empieza a atar cabos entre lo que presenció en la habitación de la reina y una escena similar con la propia princesa. La sospecha que crece en ella —silenciosa, sin pruebas, pero cada vez más insistente— es lo que finalmente la empuja a huir con Alanys, dejando atrás un castillo donde el luto por el rey esconde una amenaza mucho más cercana.