Un volumen de poesías breves, precedido por un prólogo en prosa que replica a quienes tildaron la primera edición de 'pesimista' o 'escéptica'. El conjunto explora, con tono irónico y a veces satírico, la tensión entre la razón analítica y…
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Un volumen de poesías breves, precedido por un prólogo en prosa que replica a quienes tildaron la primera edición de 'pesimista' o 'escéptica'. El conjunto explora, con tono irónico y a veces satírico, la tensión entre la razón analítica y el sentimiento, entre la fe heredada y el desencanto que trae el conocimiento científico.
El libro se abre con unas ‘Cuatro palabras’ a modo de justificación: el autor explica que el calificativo de pesimismo o escepticismo aplicado a su primera edición no fue buscado, sino consecuencia de haber querido retratar el malestar moral que nace de la lucha entre el sentimiento, presentado como herencia instintiva anterior a la razón, y la razón misma, que llega después a disputarle el terreno. A partir de esa declaración de intenciones se despliega una serie de composiciones de extensión variable —odas, fábulas, epístolas, diálogos y estampas costumbristas— que ensayan ese conflicto desde ángulos muy distintos. Hay poemas que parodian el orgullo del saber positivo, reduciendo el amor, el rubor o el genio a fenómenos químicos y fisiológicos, para acabar admitiendo que algo se resiste a esa explicación total. Otros adoptan la forma de fábula breve para ironizar sobre la curiosidad que destruye la ilusión, sobre la vanidad humana o sobre la ceguera del observador que cree entenderlo todo. Un bloque de piezas más íntimas trata el desengaño amoroso, la amistad traicionada por el interés y la ambición frustrada, presentados como sucesivas ‘muertes’ del yo que vuelve a nacer distinto cada vez. No falta la crítica social directa: se satirizan el culto vacío al honor, la hipocresía de la vida privada, el egoísmo disfrazado de virtud y los mitos clásicos degradados a anécdota de salón. El tono se endurece en piezas de mayor aliento narrativo, como la que contrasta un motín popular incendiario con el recuerdo de un auto de fe inquisitorial, para preguntarse quién ha sido, en cada época, el verdadero bárbaro. El conjunto se cierra con estampas de humor científico —fábulas sobre el efecto de aumento de una lupa, un experimento imaginado en clave de manual de física— que devuelven, en clave ligera, la misma pregunta que abre el libro: qué le queda al ser humano cuando el análisis ha explicado ya casi todo.