Una narradora sin nombre encadena empleos temporales de toda índole —oficinista, limpiacristales, doble de un presidente de junta, tripulante de un barco pirata— mientras persigue una fantasía casi religiosa: alcanzar algún día la…
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Una narradora sin nombre encadena empleos temporales de toda índole —oficinista, limpiacristales, doble de un presidente de junta, tripulante de un barco pirata— mientras persigue una fantasía casi religiosa: alcanzar algún día la «permanencia». Con un humor seco y una imaginación desbordante, la novela convierte el trabajo eventual en una alegoría sobre la identidad, el deseo de pertenencia y la vida moderna precaria.
La protagonista de esta novela vive instalada en la provisionalidad: cada semana la agencia de colocación para la que trabaja —gestionada por la impecable Farren— la envía a un nuevo puesto, y ella se desliza de un rol a otro con una adaptabilidad casi sobrenatural. Sustituye a limpiabotas, a directores de tráfico, a maniquíes de escaparate, e incluso llega a ocupar temporalmente el lugar del presidente de una gran corporación, cuyas cenizas termina después llevando consigo, convertidas en colgante, cuando él muere y le encarga un último trabajo: acompañarlo a ver mundo. Su vida sentimental refleja la misma lógica de lo transitorio: mantiene una rotación de novios —el formal, el manitas, el alto, el adicto al centro comercial— a los que nunca deja instalarse del todo en su rutina, tal como ella nunca logra instalarse en un empleo fijo. Entre encargo y encargo, la narradora reflexiona sobre qué se sentiría al alcanzar por fin la «estabilidad», ese estado casi místico que los trabajadores fijos describen como una certeza física, un vuelco del corazón que ella teme no reconocer si algún día le llega. Intercalada con la historia se narra, en clave de mito fundacional, el origen de la primera «eventual», creada por los dioses para cubrirlos durante su descanso y condenada a preguntarse eternamente si su lugar en el mundo puede llegar a ser suyo. Cuando la protagonista embarca en un buque que en apariencia se dedica a la piratería corporativa, el relato vira hacia lo insólito y amenazante, y la promesa de un trabajo más entre tantos empieza a revelar un filo oscuro. A través de un lenguaje juguetón, repleto de listas, refranes inventados y giros surrealistas, la obra construye una sátira tierna y perturbadora sobre la economía del trabajo temporal, la ansiedad por pertenecer a algún sitio y la dificultad de definir una vida propia cuando todo —empleos, parejas, incluso la muerte— se experimenta como un contrato renovable.