Un ensayo histórico que rescata del olvido a los almugávares, los mercenarios de a pie del Reino y la Corona de Aragón, desde sus posibles orígenes en las montañas pirenaicas y su vínculo con las algaras árabes, hasta su papel en la…
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Un ensayo histórico que rescata del olvido a los almugávares, los mercenarios de a pie del Reino y la Corona de Aragón, desde sus posibles orígenes en las montañas pirenaicas y su vínculo con las algaras árabes, hasta su papel en la expansión aragonesa por la península y su célebre y sangrienta aventura mediterránea en Sicilia, Grecia y Asia Menor. El autor combina crónicas medievales, fuentes griegas y bizantinas, y estudios modernos para reconstruir con rigor un capítulo del pasado aragonés que, pese a su magnitud, quedó eclipsado por la historiografía oficial.
Esta obra se propone devolver a la memoria colectiva una de las páginas más singulares y menos difundidas de la Baja Edad Media mediterránea: la historia de los almugávares, aquellos guerreros de frontera surgidos en los territorios agrestes del norte peninsular que terminarían convirtiéndose en una fuerza militar temida desde Zaragoza hasta Constantinopla. El libro arranca examinando por qué esta epopeya, pese a su relevancia comparable a otros mitos guerreros medievales, fue sistemáticamente relegada por la historiografía aragonesa, mientras otras tradiciones culturales sí la reivindicaron y estudiaron con detenimiento desde el siglo XIX. Frente a ese vacío, el autor reivindica la figura del cronista Jerónimo Zurita como referencia pionera y denuncia la escasa atención que enciclopedias y manuales han dedicado al tema.
A partir de ahí, la investigación se adentra en el origen incierto de estas bandas armadas: su posible filiación con las prácticas de guerrilla árabes documentadas ya en crónicas del siglo X en torno a Zaragoza, su vinculación con los pastores y campesinos empobrecidos de los valles pirenaicos, y las distintas hipótesis —a veces contradictorias y marcadas por intereses nacionales— que historiadores aragoneses, catalanes y extranjeros han propuesto a lo largo de los siglos. Se repasan las primeras menciones documentales, desde la Crónica del moro Rasis hasta la Crónica de San Juan de la Peña, situando su aparición en el bando cristiano en el sitio de Zaragoza de comienzos del siglo XII.
El trabajo se distingue por su método comparativo: contrasta sistemáticamente la crónica de Ramón Muntaner, fuente clásica pero teñida de un marcado orgullo particular, con testimonios griegos, bizantinos y venecianos —cartas patriarcales, crónicas de Galaxidi y de la Morea, correspondencia diplomática— para separar el relato heroico de lo verificable. De este cruce de fuentes emerge un retrato menos idealizado y más humano de estos combatientes: hombres sin apenas posesiones, curtidos en la pobreza y la guerra constante, capaces tanto de hazañas militares extraordinarias como de episodios de violencia, venganza y traición, muy alejados del arquetipo caballeresco pero decisivos en la proyección de Aragón y sus aliados catalanes por el Mediterráneo oriental.
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