Tres amigas inseparables comparten un mismo sueño y una misma maldición: serpientes, plumas y convulsiones que invaden su vigilia hasta empujarlas al bosque una noche de luna llena.
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Tres amigas inseparables comparten un mismo sueño y una misma maldición: serpientes, plumas y convulsiones que invaden su vigilia hasta empujarlas al bosque una noche de luna llena. Lo que encuentran allí —una criatura imposible, un padre ausente que reaparece donde nadie lo esperaba y un grupo de encapuchados que dice haber venido a salvarlas— convierte a Darkania en el centro de una profecía que no pidió y de una guerra que ya había empezado sin ella. «Amanecer Negro», de Noel Bellido, abre una historia de fantasía oscura donde la amistad es el único conjuro fiable.
Darkania tiene diecinueve años, una cicatriz que le cruza el ojo izquierdo desde un accidente del que apenas habla y una casa vacía la mayor parte del año. Su madre murió hace tiempo; su padre, Aldur, viaja sin dar explicaciones y regresa borracho, con desconocidas del brazo y la coartada siempre lista de un duelo que nunca termina de elaborar. Frente a esa soledad, Melia y Neyda —mellizas de carácter opuesto, una lenguaraz y temeraria, la otra asustadiza y presciente— sostienen el único territorio seguro que le queda: una amistad tan cerrada que las tres sospechan que hay algo más que afecto uniéndolas.
Todo se desordena dos semanas antes del comienzo de la novela, cuando las tres despiertan de un sueño idéntico. En él caminan por el bosque con túnicas negras, se sumergen en un estanque bajo la luna y una criatura deforme, mitad animal mitad persona, las nombra en una lengua antigua: la que lleva la marca es la líder de la Tríada. El detalle que vuelve el sueño imposible de descartar es el zarpazo sobre la cicatriz de Darkania, una parte que ella calla y que sus amigas relatan igualmente. Después llegan los presagios, cada vez menos discretos: serpientes que se le aparecen en escaparates, anuncios y pantallas; plumas que caen alrededor de Melia; temblores que en Neyda se agravan hasta la convulsión; sangre brotando de las palmas de las tres a medianoche.
La siguiente luna llena las lleva al claro del sueño, y allí la novela cambia de marcha. El monstruo aparece, sí, pero no viene solo: Aldur está en el bosque, sobrio por primera vez en años, y afirma haber venido a ver a la madre de Darkania. Entre alaridos, espectros que emergen de la espesura y un cántico doloroso que apenas los contiene, tres encapuchados irrumpen para arrancar a las chicas de allí. Darkania despierta después en una iglesia abandonada, rodeada de tumbas ilegibles y de tres desconocidos que se declaran adoradores del diablo sin el menor sarcasmo: Xander, capaz de paralizar un cuerpo con un gesto; una hechicera de ojos azul violáceo y fuerza desmedida; y un muchacho rubio, de mirada gris y voz peligrosamente amable, que lleva en la mejilla una cicatriz idéntica a la de ella, solo que del lado contrario.
A partir de ese encuentro, Bellido va soltando el hilo de la trama sin desatar el nudo: quiénes son en realidad los encapuchados, por qué necesitan a las tres amigas unidas para completar un rito, qué papel juega Aldur en aquello de lo que dicen querer protegerla y qué se esconde detrás de la criatura que él insiste en llamar madre. La narración, en primera persona y presente, se apoya en la voz de Darkania: irónica, defensiva, adicta al sarcasmo como armadura y lúcida sobre sus propias contradicciones, incluida la atracción incómoda que le provoca alguien que representa exactamente aquello de lo que debería huir.
«Amanecer Negro» combina la atmósfera del folclore eslavo —espectros, bosques, conjuros en lenguas muertas— con los códigos del romance paranormal contemporáneo, y sostiene su tensión sobre una idea sencilla: la profecía puede señalar a una elegida, pero nada de lo que viene tiene sentido si las tres no siguen juntas. Publicada en 2022 dentro de la colección Rara Avis de Romantic Ediciones, es una novela de fantasía oscura pensada para lectores que disfrutan de heroínas ásperas, mitologías inquietantes y amistades que pesan tanto como el destino.