Una carterista de St. Giles y un abogado brillante pero arruinado sellan un pacto imposible: ella fingirá ser su amante para ayudarle a conquistar a una heredera, y él la convertirá en una dama.
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Una carterista de St. Giles y un abogado brillante pero arruinado sellan un pacto imposible: ella fingirá ser su amante para ayudarle a conquistar a una heredera, y él la convertirá en una dama. Una novela romántica ambientada en el Londres de la Regencia, donde el ingenio vale tanto como el linaje.
Lily Masters ha convertido dos talentos en oficio: las manos rápidas y las historias bien contadas. Con el primero sostiene el cuarto de pensión que comparte con su hermana pequeña, Alice, en los callejones de St. Giles; con el segundo transforma cada noche a los tenderos, caseras y vendedores del barrio en magos, gigantas y unicornios, hasta que la miseria parece por un rato un cuento. Hija de una dama venida a menos, habla el dialecto de la calle como quien se pone una capa harapienta y lo deja caer al cruzar el umbral de su casa. Sabe leer, sabe francés, sabe correr, y nunca la han atrapado. Hasta que una tarde de calor en Bond Street elige mal el bolsillo.
Gideon Cole es un abogado que gana todos sus casos y cobra casi ninguno. Antiguo soldado, hijo de un jugador que arruinó a su familia y murió dejando deudas repartidas por media Cámara de los Lores, ha construido su reputación con trabajo, tacto y una disciplina feroz: pagó cada deuda paterna por orden alfabético y se impuso un Plan Maestro que lo aleje para siempre de aquel vaivén de fortuna y vergüenza. El plan tiene un nombre —lady Constance Clary, hija de marqués y joya de la temporada—, una casa en Grosvenor Square y un rival con título y dinero que ya lo aventaja en las apuestas de White’s. Solo le falta lo esencial: la fortuna que todos suponen que tiene.
El encuentro entre ambos es breve y humillante para los dos: él le sujeta la muñeca, se distrae contándole las pecas, y ella se escapa dejándolo de rodillas. Pero el azar vuelve a cruzarlos, y de ese segundo cruce nace un trato. Gideon compra la libertad de Lily —otro de esos gestos benéficos que lo mantienen pobre— y ella queda en deuda. La forma de saldarla es tan audaz como el resto de su vida: hacerse pasar por objeto del deseo de él, aparecer del brazo de un abogado brillante en los salones donde se decide todo, y devolverle así el atractivo que el dinero no le da. A cambio, él deberá pulir a la insolente ladrona hasta convertirla en un diamante impecable.
La novela avanza sobre esa doble impostura y sobre lo que revela: hasta dónde está dispuesto a llegar un hombre para no parecerse a su padre, y qué precio tiene, para una muchacha que juró no ponerse jamás a merced de nadie, aprender a moverse en un mundo que la desprecia y a la vez la fascina. Alrededor de ellos se despliega un Londres de dos caras —el de los peluquines y los tribunales de Westminster, el de las pensiones, los boticarios que trafican con objetos robados y los cuartos donde lloran los niños— y un elenco memorable: el amigo brutalmente honesto, el procurador que solo trae casos de viudas y huérfanos, el tío que lleva cinco años muriéndose. Comedia de costumbres, romance y retrato social se entrelazan en una historia sobre lo que cada uno finge ser y lo que termina siendo.
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