Novela romántica de la escritora dominicana Niurka Pichardo Perozo que sigue el pulso sentimental entre Niki Gerards, una estudiante brillante y disciplinada, y Luis Kendall, el portavoz de la administración universitaria a quien debe…
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Novela romántica de la escritora dominicana Niurka Pichardo Perozo que sigue el pulso sentimental entre Niki Gerards, una estudiante brillante y disciplinada, y Luis Kendall, el portavoz de la administración universitaria a quien debe entrevistar. Lo que empieza como un trabajo académico se tuerce cuando ella escucha, sin querer, cómo él la describe a espaldas suyas: a partir de ese malentendido nace un duelo de ingenio, orgullo y atracción que ninguno de los dos sabe cómo detener. Con diálogos ágiles y una sensualidad contenida, la obra retrata el temor a volver a enamorarse cuando el corazón ya se había declarado cerrado.
Niki Gerards llega a la sala de espera del despacho de coordinación académica con las preguntas escritas, el traje impecable y la calma de quien ha preparado cada detalle. La entrevista a Luis Kendall, portavoz de la administración de la universidad, es su examen final y su carta de presentación. Lo que no ha previsto es escuchar, a través de una puerta entreabierta, la conversación en la que ese mismo hombre y un colega la reducen a un cuerpo y a una reputación de “chica cerebro”: fría, correcta, poco apetecible como compañía. En cuestión de minutos, el guion cuidadosamente ensayado queda tachado y sustituido por otro propósito, mucho menos profesional y bastante más satisfactorio.
El encuentro que sigue funciona como un pulso. Ella pregunta con precisión sobre becas, presupuestos y programas internacionales; él responde sin evasivas y descubre que la mujer sentada frente a él es más rápida de lo que había supuesto. Entre respuesta y respuesta se filtra otra conversación, hecha de sobreentendidos, ironías y miradas sostenidas un segundo de más. Cuando la entrevista termina, Niki se cobra la ofensa con un gesto calculado que la deja aparentemente victoriosa y, en realidad, tan desconcertada como él.
A partir de ahí la novela sigue el cortejo obstinado de Luis —flores arrancadas del jardín equivocado, invitaciones a deshora, un vestido rojo enviado sin permiso, visitas que se adelantan cuatro horas— y la resistencia cada vez más porosa de Niki. Ella tiene metas claras: terminar la carrera, sostener su independencia, construirse una vida que no dependa de nadie. Ya salió una vez de un pozo abierto por un hombre y no piensa asomarse de nuevo. Él arrastra sus propias renuncias: una carrera deportiva truncada, un compromiso que no llegó a boda, una familia con la que mantiene distancias y un puesto que no es exactamente el que quería. Ninguno de los dos es transparente sobre lo que le falta, y el lector lo intuye antes que ellos, en los pequeños descuidos: una despensa vacía, un tobillo torcido que se disimula, una pregunta sobre el corazón que queda sin responder.
La autora, poeta y abogada formada en la frontera dominicana, conduce el relato con diálogos vivos y un humor seco que aligera el drama sin desactivarlo. La intimidad se insinúa con más sugerencia que exhibición, y el conflicto verdadero no está en los obstáculos externos sino en la pregunta que Niki se formula ante el espejo: qué hacer cuando la atracción amenaza la voluntad, y si permitirse sentir es, de verdad, la equivocación que ella teme. El título adelanta la respuesta que la novela se toma su tiempo en demostrar.
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