Una fábula lírica que reimagina la desaparición de dos jóvenes pilotos en 1937: en lugar de perderse en el Pacífico, Amelia y Frederick enfilan su Lockheed Electra más allá de la atmósfera, rumbo al Sol, en busca de una Verdad que llene el…
Descargar
Una fábula lírica que reimagina la desaparición de dos jóvenes pilotos en 1937: en lugar de perderse en el Pacífico, Amelia y Frederick enfilan su Lockheed Electra más allá de la atmósfera, rumbo al Sol, en busca de una Verdad que llene el vacío que ambos cargan. El viaje se convierte en una travesía interior por la Luna, una nave que obliga a revivir el pasado y las sombras de Deimos.
En 1937, dos jóvenes pilotos anuncian que intentarán dar la vuelta al mundo. Es una coartada: sobre el tejado de su club de aviación, Amelia le ha confesado a Frederick que ya solo le quedan su avión y su búsqueda, y que necesita volar hacia el Sol para alcanzar una Verdad con mayúsculas capaz de llenar el agujero que heredó, junto con la melancolía, de su abuelo. Frederick, el amigo que nunca deja de hacer preguntas, acepta desaparecer con ella para siempre.
Lo que sigue no es una crónica de aviación sino una odisea íntima disfrazada de viaje espacial. En la cara oculta de la Luna, junto a una hoguera imposible, encuentran a Layla, una militar exiliada de apariencia impenetrable que fue niña llorona y bailarina enmascarada en las calles donde tocaba su padre, y que eligió un oficio que enseñara a no llorar. Su historia —hecha de diarios llenos de recortes, palabras coleccionadas y una fotografía de soldados sobre un muro— abre la primera grieta en el alma de piedra de Amelia, que desde la infancia sintió un agujero donde debía latir un corazón.
Más adelante, una gigantesca nave rectangular los engulle: Kefáli, comandada por el capitán Chrónos, un lugar que exige ofrendas y que, tras su puerta dorada, devuelve a cada viajero a los momentos que aún lo atormentan. Amelia regresa al mercado de verano donde, de niña, huyó con unas pulseras robadas y una culpa que la acompañó toda la vida; Frederick se enfrenta a la habitación de hospital donde su abuelo agoniza entre mentiras piadosas y un amor con condiciones. Expulsados de la nave, van a parar a Deimos, la luna menor de Marte, donde una criatura pálida y descomunal los empuja a una huida a ciegas por una noche perpetua en la que solo les queda la conversación —y el uno al otro— para no dormirse.
Entre la aventura cósmica y la meditación poética, la obra explora la fragilidad del alma frente a la del cuerpo, las máscaras que sostienen el dolor, la culpa que sobrevive al perdón y la amistad como única brújula. Una relectura tierna y extraña de un misterio histórico que propone que desaparecer puede ser, también, una forma de ir al encuentro de uno mismo.