Amo a Dick, de Chris Kraus, sigue a una cineasta experimental de treinta y nueve años que, tras una cena en Pasadena en diciembre de 1994, queda fascinada por Dick, un crítico cultural inglés instalado en el desierto californiano.
Descargar
Amo a Dick, de Chris Kraus, sigue a una cineasta experimental de treinta y nueve años que, tras una cena en Pasadena en diciembre de 1994, queda fascinada por Dick, un crítico cultural inglés instalado en el desierto californiano. Junto a su marido, el profesor Sylvère Lotringer, convierte ese enamoramiento no correspondido en un torrente de cartas escritas a dúo, donde la confesión íntima se mezcla con la crítica de arte y la teoría, y donde la humillación amorosa se transforma en un proyecto artístico deliberado. El resultado es una obra que desarma los relatos clásicos de la mujer abandonada y les da la vuelta con humor, ferocidad e inteligencia.
Todo comienza una noche de invierno en un sushi bar de Pasadena. Chris, directora de cine experimental al borde de los cuarenta, cena con su marido, Sylvère, intelectual europeo y profesor universitario, y con Dick, un crítico cultural que acaba de mudarse al desierto de Antelope Valley. Mientras los dos hombres discuten teoría posmoderna, Chris percibe en las miradas de Dick una corriente que la devuelve a un estado que creía clausurado: el deseo. Una nevada oportuna lleva a la pareja a pasar la noche en casa del anfitrión y, a la mañana siguiente, él ha desaparecido sin despedirse. De esa ausencia nace una obsesión.
De regreso en su cabaña de las montañas de San Bernardino, Chris no puede dejar de pensar en Dick, y lo extraordinario es lo que hace con ello: en lugar de ocultar el enamoramiento, lo comparte con su marido, con quien mantiene una intimidad sostenida más en la conversación que en el sexo. Juntos empiezan a escribirle cartas al hombre ausente —cartas febriles, analíticas, celosas, hilarantes— que Dick casi nunca contesta. El contestador mudo se convierte en pantalla de proyección, y la correspondencia, en un juego que desborda sus propias reglas: lo que empezó como divertimento conyugal se vuelve crisis matrimonial, experimento artístico y, sobre todo, el descubrimiento de una voz propia.
A medida que las cartas se acumulan, la obra se expande mucho más allá de la anécdota romántica. Chris examina su carrera cinematográfica estancada, su papel de esposa que sostiene económicamente la vida en pareja mientras permanece invisible en los círculos intelectuales de su marido, sus años de performance en Nueva York y la larga tradición cultural que enseña a las mujeres que amar demasiado equivale a destruirse. Frente a esa herencia —la de las heroínas que pierden el juicio por un hombre—, la protagonista elige la estrategia opuesta: entrar de lleno en la abyección, exponerla, analizarla y convertirla en material de trabajo. El destinatario de las cartas importa cada vez menos; lo que importa es la mujer que escribe, que piensa y que, contra todos los guiones disponibles, sobrevive a su propia pasión.
Mezcla de novela epistolar, memoria, ensayo y crítica de arte, esta obra fundacional de la autoficción contemporánea interpela a toda una cultura acostumbrada a mirar el sentimiento femenino desde fuera, y la obliga a escucharlo narrado desde dentro, con una lucidez que es a la vez arma y autorretrato.