Después de un año que desarma por completo su vida en Barranquilla —el derrumbe económico de la familia, la ruptura con el hombre al que creía destinada y la renuncia a un trabajo que amaba—, Julieta Martín llega a Londres a los veintidós…
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Después de un año que desarma por completo su vida en Barranquilla —el derrumbe económico de la familia, la ruptura con el hombre al que creía destinada y la renuncia a un trabajo que amaba—, Julieta Martín llega a Londres a los veintidós años con una beca cumplida, muy poco dinero y la determinación de reconstruirse. Entre entrevistas de trabajo, cafés en New Oxford Street y llamadas a su madre al otro lado del Atlántico, un encuentro casual con Stefan Trapp, futbolista alemán del Chelsea, le devuelve una pregunta que daba por cerrada: si merece la pena volver a confiar. Novela romántica contemporánea construida, literalmente, como un partido.
La historia arranca en Barranquilla, en noviembre de 2012, con una escena de insomnio: Julieta observa dormir a su madre, Alicia, y calcula el peso de todo lo que no ha sabido contarle. Doce meses antes tenía una vida cómoda, un trabajo que la hacía sentirse libre y una relación a distancia que defendía con terquedad; de todo eso quedan los errores de un padre ausente en lo esencial pero puntual en el envío de ropa de marca, una renuncia forzada y el silencio posterior a la traición de Rafael. La salida se presenta en forma de beca: cuatro semanas de historia del arte en Oxford. Madre e hija reparten el mapa entre las dos —Alicia a Bucaramanga, con su hermana y sus sobrinos; Julieta a Londres— y la novela se instala en la capital inglesa en marzo de 2013.
El Londres que retrata el libro es concreto y cotidiano: un piso pequeño en Denmark Street con el jazz de Camden filtrándose desde la calle, el metro hasta Knightsbridge, la marquesina de una casa de moda italiana en Sloane Street. Allí Julieta consigue un puesto de dirección de relaciones institucionales bajo el mando de Danielle Turner, una ejecutiva joven y deliberadamente fría que reconoce en la recién llegada una versión anterior de sí misma. La acompaña Tita, periodista española que conoció en Oxford y que ejerce de hermana mayor, cómplice y contrapeso ideológico en cenas donde se discute de desigualdad con la misma intensidad con que se discute de Jane Austen.
El segundo hilo entra por casualidad. En una cafetería, rodeado de aficionados que le piden autógrafos, Stefan Trapp levanta la vista y sonríe. Él también arrastra una pérdida —una relación que su profesión terminó de romper— y el reconocimiento entre ambos es menos un flechazo que una identificación: cada uno detecta en el otro una tristeza que sabe leer. Lo que sigue —una persecución torpe en coche, una conversación tensa en un banco de parque— establece el tono de la relación: atracción inmediata, desconfianza defendida con ironía.
La estructura toma prestado el vocabulario del fútbol. Los capítulos avanzan por un «Primer Tiempo» que cruza Londres, la Toscana, Roma, Estambul y un otoño de despedidas, con un «Medio Tiempo» como bisagra. Por el camino reaparecen las preguntas sin cerrar: qué busca Rafael, qué esconde el pasado de Danielle Turner y qué papel juega el italiano que llega a complicar un triángulo que, como advierte uno de los títulos, no tiene los tres lados iguales.
Es una novela sentimental de registro juvenil y contemporáneo, muy consciente de sus referencias —música, marcas, lecturas, redes— y narrada alternando la mirada de ella y la de él. Bajo el romance late un asunto más discreto: el duelo, la amistad que sostiene, la relación con una madre enferma a seis husos horarios de distancia y el trabajo lento de volver a empezar.