Kate Sutherland regresa a su pueblo natal decidida a dejar de ser la hija impecable de la familia más poderosa del lugar, y el hombre que se interpone en su rebelión es Mitch McKee, el chico problemático del instituto convertido ahora en…
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Kate Sutherland regresa a su pueblo natal decidida a dejar de ser la hija impecable de la familia más poderosa del lugar, y el hombre que se interpone en su rebelión es Mitch McKee, el chico problemático del instituto convertido ahora en jefe de policía.
Chapel es una pequeña ciudad universitaria a las afueras de Chattanooga donde conviven, con incomodidad heredada, los apellidos de rancio abolengo y la memoria de los viejos contrabandistas de alcohol. Allí ejerce Mitch McKee, jefe de policía a los treinta años, un cargo que le ha traído más reuniones con concejales tercos que emociones reales. Su expediente juvenil incluye robo de coches y un juez que le ofreció el ejército como alternativa a la cárcel; volvió condecorado, respetable y ligeramente aburrido de serlo. Una noche cualquiera, camino a casa y sin uniforme, atiende un aviso rutinario: un Mercedes volcado en una zanja de Ravenswood Road.
La conductora es Katie Sutherland, ahora pelirroja, la hija menor del hombre más influyente del pueblo y la muchacha silenciosa que lo miraba desde lejos en el instituto. Ha vuelto de San Francisco, donde trabaja como cazatalentos para grandes empresas, con un sueldo envidiable y un vacío que ningún logro ha logrado llenar: su padre, rehecho con una nueva familia y un hijo varón, la recibe solo con cita previa. Entre el informe del accidente, una prueba de alcoholemia humillante y un trayecto compartido en silencio, ambos descubren que el pasado no se ha disuelto del todo.
Empujada por su amiga Julie —embarazada de siete meses y encantada de conspirar—, Kate elabora una lista de todo lo que hacen las chicas malas y se propone tacharla punto por punto. Su primera transgresión, invitar a comer al viejo Henry en el restaurante más respetable del pueblo, basta para que el dueño llame al alcalde, al padre y, finalmente, a la policía. Mitch se encuentra así en una posición incómoda: obligado por su cargo y por los favores políticos a contener a la mujer que reactiva en él un deseo adolescente que creía superado, y consciente de que aquella escalada de pequeñas rebeldías no tiene nada que ver con Henry ni con las multas.
Lo que sigue es un pulso entre dos personas que se conocen mal y se desean bien: ella quiere que él la acompañe al lado salvaje de la vida; él intuye que detrás de la provocación hay una hija que llora en el coche y una herida que ninguna infracción va a cerrar. La reunión de exalumnos del sábado, para la que Kate aún no tiene acompañante, se perfila como el escenario donde ambas cosas —la rebeldía y la verdad— tendrán que salir a la luz.
Tercera entrega de la serie multiautor Las seductoras, esta novela contemporánea de Lyn Ellis, publicada en español en 2001 a partir del original de 2000, combina la comedia de pueblo pequeño con un romance de segundas oportunidades donde la autoridad y el desacato cambian de bando más de una vez.
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