Ficciones de la realidad reúne las crónicas de un cineasta brasileño que hace quince años dejó las cámaras para dedicarse a mirar su país por escrito.
Descargar
Ficciones de la realidad reúne las crónicas de un cineasta brasileño que hace quince años dejó las cámaras para dedicarse a mirar su país por escrito. Convencido de que los hechos contemporáneos son demasiado absurdos para el reportaje convencional, trata la actualidad como si fuese una película: mezcla análisis, memoria personal y cuento hasta que la frontera entre crónica y ficción deja de importar. El resultado es un itinerario que va de la infancia a la política internacional, del deseo al horror, escrito desde dentro del desconcierto y no desde ninguna tribuna segura.
El libro se abre con una declaración de método que funciona como advertencia y como pacto de lectura. Quien escribe se presenta como alguien que renunció al cine y entregó su cabeza a Brasil, dejándola en el suelo para que absorbiera los detritus de la vida política y cultural del país. De esa posición nace una escritura híbrida: ni periodismo objetivo ni literatura que aspire a la eternidad, sino un registro que asume el baño de lo efímero y se declara testigo del crimen, con la convicción de que nadie puede criticar el mundo desde un lugar privilegiado y de que hay que incluirse entre los locos.
A partir de ahí, los textos avanzan por saltos de registro. Un relato lleva a un célebre humanista europeo a un callejón de Argel, donde, con el cuchillo en la garganta, formula en sus últimos minutos una teoría delirante sobre un nuevo orden viral en el que el terrorismo, las epidemias y los excluidos serían la venganza de lo sucio contra la asepsia occidental; la ironía trágica del episodio consiste en que el pensamiento no se detiene ni siquiera cuando ya no sirve de nada. Otra pieza compara a los caníbales domésticos del primer mundo —los asesinos que ordenan cuerpos en la nevera como quien surte un supermercado— con la masacre de 111 presos en una cárcel brasileña, para concluir que ambos comparten una misma temperatura moral: el crimen sin odio, el mal banal, la frialdad como técnica de supervivencia.
El deseo ocupa buena parte del volumen. Un ensayo dedica al travesti de Copacabana una lectura casi shakespeariana: figura barroca, autosuficiente y peligrosa, que no discute con la moral sino con la biología, y que fascina porque asume la verdad de su mentira. Un cuento satírico encierra en la suite de un motel a dos ejemplares perfectos de la seducción contemporánea —silicona, Viagra, ansiolíticos, música tecno— para que su orgasmo histórico termine en urgencias y en carcajada. Una crónica desde una feria erótica neoyorquina describe el sadomasoquismo convertido en menaje doméstico y lamenta la desaparición del pecado, del secreto y del misterio bajo una libertad de mercado que todo lo expone. Y una serie de aforismos enfrenta amor y sexo como categorías irreconciliables: uno tiene tapias y jardín, el otro invade; uno es prosa, el otro poesía.
El recorrido se cierra con el terreno de la desilusión política. El narrador recuerda su fe juvenil de editor de un periódico estudiantil bajo el régimen militar, la adoración por los trabajadores y por una isla que encarnaba la utopía, y su viaje a Cuba en 1987, cuando la pintura desconchada de las fachadas le produjo el primer escalofrío de decepción. El encuentro con el comandante en un cóctel del festival de cine de La Habana condensa el tono del libro entero: la materialización de un héroe mitológico se convierte, mano con mano y sudor mediante, en una escena de comedia sobre la distancia entre el mito y el cuerpo. Ese es, en el fondo, el trabajo del volumen: hozar en los hechos reales, como los cerdos buscan trufas, hasta dar con el engaño mejor escondido.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.