Cassie viaja a París para escribir un libro sobre vampiros y termina descubriendo que el mundo que imaginaba existe de verdad. Entre la fascinación por Lawrence y la creciente violencia de su novio Lex, su vida se convierte en un encierro…
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Cassie viaja a París para escribir un libro sobre vampiros y termina descubriendo que el mundo que imaginaba existe de verdad. Entre la fascinación por Lawrence y la creciente violencia de su novio Lex, su vida se convierte en un encierro del que deberá escapar antes de descubrir qué esconden su prometido y su propio padre.
Cassie es una joven escritora que aprovecha unas vacaciones en París para reunir material sobre el tema que la obsesiona desde siempre: los vampiros. Su novio Lex, que la acompaña con la excusa de afianzar la relación, detesta ese interés y se lo prohíbe con una insistencia que va más allá del desprecio. Cuando ella sigue por las calles de la ciudad a un grupo de figuras de tapados negros y maquillaje sobrenatural, llega al Palacio de la Oscuridad Eterna, un salón donde la fantasía que quería inventar resulta ser literal. Allí conoce a Lawrence, un vampiro que la reconoce como mortal, la protege y la acompaña de regreso al hotel. Ese gesto mínimo desata la primera de muchas escenas de celos.
El regreso forzado a Buenos Aires marca el comienzo de un deterioro sostenido. Lex controla sus salidas, la vigila, incendia su departamento y termina secuestrándola en una casa aislada, donde la mantiene encerrada con la promesa de que volverán a ser una pareja feliz. La novela no suaviza ese tramo: el aislamiento, la desnutrición, las pastillas para dormirla y las heridas que Cassie se provoca a sí misma están narrados en primera persona, con la voz de alguien que ya perdió la noción de los días. En paralelo, un sobre negro escrito con sangre, una carta dirigida a un destinatario equivocado y las conversaciones que ella espía tras la puerta van dibujando otra trama: Lex responde a su padre, Albert, lo llama “mi señor” y esconde por orden suya unos papeles que Cassie no debe encontrar jamás.
El índice del libro anticipa hacia dónde va esa doble intriga —revelaciones, un pasado que vuelve, una nueva familia, una revancha, un golpe final—, y el amor entre una mortal y un vampiro funciona menos como refugio que como detonante. Lo que se juega no es solo la posibilidad de escapar de una relación que se volvió cautiverio, sino el descubrimiento de quiénes fueron siempre los hombres que decían quererla: qué es realmente Albert, por qué odia tanto a los vampiros, y por qué esa carta hablaba de licántropos que querrían matar a su lector. Amor Inmortal alterna el vértigo del romance gótico con el retrato de una violencia doméstica que escala capítulo a capítulo, y sostiene ambas líneas sobre la misma pregunta que se hace su protagonista: si lo que está viviendo es un sueño o una pesadilla.