Amor onírico, de Luis Alonso Olvera de la Rosa, narra la turbulenta relación entre Carlos, un pintor atormentado por el abandono y la duda, y Beatriz, una mujer que aprendió a proteger su corazón tras una infancia marcada por la violencia…
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Amor onírico, de Luis Alonso Olvera de la Rosa, narra la turbulenta relación entre Carlos, un pintor atormentado por el abandono y la duda, y Beatriz, una mujer que aprendió a proteger su corazón tras una infancia marcada por la violencia familiar. Entre reencuentros, infidelidades y silencios no dichos, ambos se ven arrastrados hacia un plano onírico donde una voz que se presenta como el Creador los guía a confrontar las heridas que sostienen su manera de amar y de herirse mutuamente.
La novela se abre con el testimonio alterno de sus dos protagonistas. Carlos Carranco Pérez es un pintor que ha convertido el sufrimiento y la soledad en materia prima de su arte; durante nueve años ha mantenido una amistad intermitente con Beatriz Sánchez Leiva, una estudiante de ingeniería civil que oculta tras su seguridad aparente un miedo profundo a la intimidad. Una tarde cualquiera, en un café de luces inestables, una revelación silenciosa empuja a Carlos a confesarle su amor; ella, sorprendida y atemorizada por experiencias pasadas, termina por corresponderle, y esa misma noche inicia entre ambos una relación de siete años.
Lo que sigue es el relato, contado desde ambas perspectivas, de un vínculo desgastado por la desconfianza, los celos, las reconciliaciones sexuales que sustituyen al diálogo y la presencia constante de otros amantes en la vida de Beatriz. Los viajes compartidos —motivados por el arte de Carlos y la carrera de Beatriz— aparecen como los únicos paréntesis de armonía en una relación marcada por el orgullo, el miedo a pedir ayuda y patrones heredados de la violencia doméstica que ella vivió de niña.
Un encuentro íntimo distinto a los demás se convierte en el punto de quiebre: Carlos percibe la ausencia emocional de Beatriz incluso en la cercanía física, y esa noche, mientras reflexiona sobre el ciclo de mentiras, huidas y castigos que sostiene la pareja, comienza a escuchar una voz interior que se presenta como ‘el Creador’ y que se dirige a él llamándolo ‘hijo’. Esa misma voz alcanza también a Beatriz, anunciándoles que ambos emprenderán juntos un viaje que marcará el inicio de un amor que aún no han sabido ver en sí mismos.
Tras una ruptura telefónica cargada de reproches y verdades largamente calladas, Carlos cae esa noche en un sueño que no se siente como tal: una caída consciente hacia un vasto continente flotante, dividido en regiones de paisajes simbólicos —murallas de piedra, ciudades de tecnología reluciente, mares en penumbra— que anuncian el comienzo de un viaje onírico compartido. A partir de aquí, la obra se adentra en un territorio de sueños donde los protagonistas deberán enfrentar, guiados por esa presencia que dice ser su Creador, las heridas, creencias y miedos que han determinado su manera de amar, en un recorrido que combina drama de pareja, introspección espiritual y una cosmovisión personal del autor sobre el amor, la mente y el sentido de la existencia.