Retrato biográfico de Ana Patricia Botín, primera mujer al frente de un banco global, escrito con pulso de crónica periodística. El libro reconstruye su ascenso desde una infancia cántabra rodeada de apellido, dinero y expectativas hasta…
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Retrato biográfico de Ana Patricia Botín, primera mujer al frente de un banco global, escrito con pulso de crónica periodística. El libro reconstruye su ascenso desde una infancia cántabra rodeada de apellido, dinero y expectativas hasta la madrugada del 10 de septiembre de 2014, cuando la muerte repentina de su padre la sitúa al mando del Banco Santander. Una historia de herencia, ambición y poder financiero contada como una sucesión dinástica.
Hay familias que se cuentan mejor con el vocabulario de las monarquías que con el de los organigramas. Este libro parte de esa intuición para narrar la vida de Ana Patricia Botín-Sanz de Sautuola O’Shea: nacida en Santander en octubre de 1960, primogénita de seis hermanos, hija de un banquero y de una pianista, bisnieta de la niña que en 1878 descubrió junto a su padre las pinturas de Altamira. El linaje pesa tanto como el patrimonio, y la autora lo utiliza como clave de lectura: cuatro generaciones al timón de una entidad que va camino del siglo y medio, y una educación diseñada, desde la infancia, para reinar en el sector financiero.
El relato se ordena en torno a una fecha bisagra. El 9 de septiembre de 2014 muere Emilio Botín, y en menos de veinticuatro horas el consejo de administración nombra presidenta a su hija por unanimidad. El libro reconstruye ese día casi hora a hora —la comunicación fría a la CNMV, la caída del valor en bolsa y las llamadas para contenerla, el segundo hecho relevante de la tarde, el vuelo de madrugada desde Londres— y lo sitúa en su contexto: una España que acababa de asistir a la abdicación de Juan Carlos I y donde toda una generación de hombres fuertes de la Transición estaba siendo relevada, unos por decisión propia y otros por imposición de la biografía.
Alrededor de ese eje, los capítulos recorren la formación cosmopolita de la protagonista, su matrimonio a los veintidós años, la maternidad, los años de JP Morgan, la entrada en el consejo en 1989, el paso por Banesto y por Londres, y los sucesivos techos de cristal que fue rompiendo en un oficio que en los años setenta y ochenta apenas admitía mujeres con poder ejecutivo. También los episodios menos luminosos: los desencuentros con un padre que no contemplaba jubilarse, los nombres que circularon como posibles delfines, las salidas abruptas de directivos, la máxima interna que reduce cualquier carrera ajena a la condición de subalterna.
El resultado es un doble retrato. Por un lado, el de un patriarca vitalista y coqueto, aficionado al golf, al ciclismo y a la Fórmula 1, convencido de que le quedaban veinte años por delante. Por otro, el de una heredera preparada durante toda su vida para un puesto que, una vez alcanzado, exige demostrar cada día que le corresponde por derecho y no solo por apellido. La sombra del predecesor, advierte el libro, sigue siendo demasiado alargada.