Edición en español de El análisis de la belleza, el tratado de estética de William Hogarth, precedido por un extenso prólogo de Miguel Cereceda que sitúa al pintor y grabador inglés en su contexto biográfico, artístico e intelectual.
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Edición en español de El análisis de la belleza, el tratado de estética de William Hogarth, precedido por un extenso prólogo de Miguel Cereceda que sitúa al pintor y grabador inglés en su contexto biográfico, artístico e intelectual.
Esta edición reúne el clásico tratado de William Hogarth El análisis de la belleza junto con un prólogo introductorio firmado por Miguel Cereceda que ayuda al lector a situar la obra en su contexto. El estudio preliminar repasa primero la trayectoria del propio Hogarth: sus orígenes humildes en el Londres de comienzos del siglo XVIII, su formación como grabador de orfebrería, su paso por la academia del pintor de cámara real James Thornhill —de quien terminaría siendo yerno— y su compleja relación con la tradición pictórica inglesa, dominada durante generaciones por maestros llegados del extranjero. A partir de ahí, el prólogo explora las razones por las que Hogarth quiso escribir un libro de estética: su rechazo a que la belleza se explicase únicamente en términos morales, como hacían Shaftesbury o Hutcheson, y su empeño en fundar una verdadera «gramática» del arte, es decir, un conjunto de principios formales —líneas, composición, variedad— capaces de dar cuenta de por qué ciertas formas resultan agradables a la vista. De ahí surge la idea que hizo célebre al libro, la de la línea serpentina u «ondulante» como clave de la gracia y la belleza, una noción que Hogarth rastrea desde Miguel Ángel y los tratadistas del Renacimiento italiano hasta los pintores de su propio tiempo. El prólogo también atiende a la dimensión polémica de la obra: la crítica de Hogarth a los entendidos y aficionados al arte, su defensa de una mirada desprejuiciada y empírica, y su enfrentamiento con el círculo palladianista de William Kent, próximo al conflicto profesional de su suegro Thornhill. Finalmente, se traza la repercusión europea del tratado, con ecos en Burke, Diderot o Lessing, y se señala su escasa fortuna en España, apenas mencionada antes por Menéndez Pelayo o Francisco Mirabent. El propio texto de Hogarth, que se presenta a continuación, arranca con un prefacio en el que el autor explica el propósito de su empresa —fijar de una vez las ideas fluctuantes sobre el gusto— y revisa las opiniones de pintores y escritores anteriores, desde Leonardo da Vinci y Lomazzo hasta Du Fresnoy, De Piles o Alberto Durero, para mostrar cuánto se ha hablado de la gracia en el arte sin llegar nunca a explicarla con rigor.
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