Ensayo en tres partes —«Las imágenes del yo», «La anatomía del amor» y «El mundo exterior»— en el que Hans Bellmer construye una teoría de la expresión humana a partir del cuerpo: desde el reflejo fisiológico más simple hasta las imágenes…
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Ensayo en tres partes —«Las imágenes del yo», «La anatomía del amor» y «El mundo exterior»— en el que Hans Bellmer construye una teoría de la expresión humana a partir del cuerpo: desde el reflejo fisiológico más simple hasta las imágenes eróticas que el deseo proyecta sobre el otro. Combinando observación clínica, referencias a Freud, Lombroso y Sade, y experimentos visuales con espejos y fotografías, el texto plantea que toda expresión —gesto, palabra, pose, deseo— nace de un desplazamiento entre un foco real y un foco virtual de excitación.
El libro se articula en tres movimientos que avanzan del cuerpo individual hacia el vínculo amoroso y, de ahí, hacia el mundo exterior. En «Las imágenes del yo», el autor parte de reflejos elementales —la mano que se crispa ante un dolor de muelas, la pose distraída de una niña que sueña— para proponer que toda expresión corporal es, en el fondo, un desplazamiento: el organismo crea un centro artificial de excitación que alivia o disfraza uno real. Apoyándose en casos clínicos de histeria y sonambulismo, en la noción freudiana de los opuestos que se funden en un solo elemento onírico, y en curiosidades del lenguaje como las frases reversibles o la escritura especular, construye la idea de una «tercera realidad» que surge siempre de la tensión entre lo real y lo virtual, entre el yo que siente y el yo que actúa. «La anatomía del amor» traslada esa lógica al deseo erótico: la imagen de la persona amada no se percibe de forma neutra, sino que está moldeada de antemano por el propio esquema corporal de quien desea, de modo que un detalle —una mano, una pierna, un pliegue de tela— puede condensar y sustituir al cuerpo entero. El autor examina extraversiones imaginarias, fantasías de hermafroditismo, la fotografía como documento de metamorfosis corporal y hasta juegos combinatorios con el lenguaje —anagramas y permutaciones de una misma frase erótica en varios idiomas— para sostener que el objeto deseado solo es «real» en la medida en que el deseo lo transforma en otra cosa. El volumen se cierra abriendo la reflexión hacia «El mundo exterior», donde esa misma lógica de dobles y proyecciones se extiende del cuerpo a los objetos y paisajes que rodean al sujeto. Escrito con un tono a medio camino entre el tratado científico y la prosa poética, el conjunto es menos un manual que una exploración sostenida de cómo la imaginación corporal fabrica, deforma y reinventa aquello que mira.