Ensayo crítico que reconstruye la trayectoria cinematográfica de Andy Warhol entre 1963 y 1968, desmontando los mitos y errores acumulados por la crítica y proponiendo una clasificación de su obra en dos grandes etapas: la de la cámara…
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Ensayo crítico que reconstruye la trayectoria cinematográfica de Andy Warhol entre 1963 y 1968, desmontando los mitos y errores acumulados por la crítica y proponiendo una clasificación de su obra en dos grandes etapas: la de la cámara fija e impasible y la de la cámara inquieta y móvil, todo ello enmarcado en su diálogo constante con la pintura pop, el cine underground y el legado beat.
Este ensayo recorre los seis años en que Andy Warhol se dedicó de manera intensiva al cine, un periodo en el que llegó a rodar cientos de bobinas y a montar decenas de películas, desde sus primeros experimentos minimalistas hasta el abandono de la actividad tras el atentado que sufrió en 1968. El texto comienza señalando la enorme cantidad de errores, confusiones y datos contradictorios que pueblan la literatura sobre el cineasta, muchos de ellos repetidos de libro en libro por falta de acceso directo a unas obras que estuvieron retiradas de circulación durante casi tres décadas. A partir de ahí, se distingue con precisión entre las películas dirigidas por el propio Warhol y las producidas bajo su nombre pero realizadas por Paul Morrissey, de tono mucho más comercial y convencional.
El análisis propone después una clasificación estilística de la filmografía warholiana, organizada no por orden cronológico sino por el uso de la cámara. Una primera época, de mirada impasible, agrupa los retratos mudos y estáticos filmados con bobinas de 100 y de 1.200 pies, donde el encuadre fijo, la ausencia de sonido y la ralentización del paso de proyección producen un efecto contemplativo y casi pictórico. Una segunda época, de mirada inquieta, incorpora el sonido sincrónico, el color, los zooms y panorámicas imprevisibles y, finalmente, un rudimentario montaje en cámara que sustituye a la bobina como unidad mínima de construcción.
El ensayo dedica también un apartado a las conexiones entre el cine y la pintura de Warhol: el serialismo, la repetición, los lienzos en blanco convertidos en veladuras de bobina, y la circulación de imágenes entre fotografía, pintura, cine y escultura. Se examinan igualmente las influencias que recibió —de Jack Smith, Kenneth Anger, la generación beat, Fluxus y el cine estructural— y la huella que a su vez dejó en autores posteriores, desde Bruce Conner hasta Sam Taylor-Wood o Abbas Kiarostami. Cierra el recorrido una reflexión sobre el tiempo como materia prima de su cine: la duración extrema de títulos como Empire no busca representar la acción sino presentarla en toda su concreción, convirtiendo el aburrimiento y la monotonía en categorías estéticas deliberadas antes que en defectos.