Un taxista madrileño recopila las carreras más disparatadas de su vida al volante, donde el asiento trasero funciona como escenario de la comedia humana: pasajeros dormidos, malentendidos que hunden el ego, urgencias que no lo son y…
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Un taxista madrileño recopila las carreras más disparatadas de su vida al volante, donde el asiento trasero funciona como escenario de la comedia humana: pasajeros dormidos, malentendidos que hunden el ego, urgencias que no lo son y familias enteras perdidas camino de una boda. Un libro de humor breve y episódico sobre lo que se ve por el retrovisor.
Cada vez que baja la bandera, se levanta el telón. Sobre esa idea sencilla se construye este volumen de anécdotas contadas en primera persona por un taxista de Madrid que, tras años de tráfico, obras y manifestaciones, ha visto pasar por su asiento trasero un catálogo bastante completo de la condición humana.
El libro se organiza en capítulos cortos, casi autónomos, cada uno con su propio remate. Hay un flirteo imaginario que se desmorona en cuanto la pasajera se quita el manos libres; una anciana que sospecha que el navegador GPS la está espiando y rectifica en el aire su destino; dos ejecutivas que se cambian de ropa en el coche camino de una reunión hasta que un golpe por detrás convierte la escena en espectáculo público; una carrera a toda velocidad hacia urgencias que termina en la puerta de una clínica veterinaria; un matrimonio de ancianos que recorre carreteras secundarias de Guadalajara buscando un puente dental olvidado en una gasolinera; una turista nórdica cuyos gestos desesperados el conductor interpreta del revés; un cliente convencido de que los centros comerciales están diseñados para zurdos porque los diestros son una subespecie en extinción; una abuela incapaz de recordar el nombre de la iglesia mientras sus nietas gemelas lloran a dúo con las arras en el regazo; unos adolescentes que simulan un incendio por el día de los Inocentes y se llevan una respuesta a su altura; y un futuro padre tan empático con las contracciones que se deja a otra hija en la cuna.
El tono es coloquial y desenfadado, con abundante habla de calle, diálogo directo y el comentario interior del conductor —lo que piensa y no dice— como principal motor del chiste. El taxista no se sitúa por encima de sus pasajeros: buena parte de los golpes se los lleva él mismo, y el humor nace tanto de la extravagancia ajena como de sus propios malentendidos, prejuicios y vanidades. Entre el enredo asoma también un retrato reconocible de la vida urbana contemporánea: prisas imposibles, tecnología que desconcierta, tradiciones familiares, soledades de gran ciudad y la extraña intimidad que se crea entre dos desconocidos separados por un reposacabezas.
Escrito para leerse a saltos, sin orden obligatorio, funciona como una sucesión de escenas breves pensadas para provocar la carcajada rápida. Publicado en la colección de humor de Timun Mas Narrativa, es un libro sobre un oficio del que circulan más mitos que certezas y sobre el observatorio privilegiado que supone conducir un taxi: quien va delante escucha, calla y recuerda.
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