Primera entrega de la Antología Ángel, «Ángel Justiciero» (original: «Her Dark Angel», 2010) es un romance paranormal de tono oscuro y sensual. Apollyon, un ángel de alas negras condenado a custodiar el pozo sin fondo del Infierno, vuelve…
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Primera entrega de la Antología Ángel, «Ángel Justiciero» (original: «Her Dark Angel», 2010) es un romance paranormal de tono oscuro y sensual. Apollyon, un ángel de alas negras condenado a custodiar el pozo sin fondo del Infierno, vuelve a la Tierra cuando percibe una llamada que llevaba siglos sin oír. La voz no pertenece a su antiguo dueño, sino a Serenity, una joven bruja que en pleno París ha lanzado un modesto hechizo de venganza contra el hombre que la engañó. El pacto que los une —él obedece, ella ordena— empieza como un ajuste de cuentas y se convierte en algo mucho más peligroso para ambos.
Hubo un tiempo en que el mundo temblaba con el nombre de Apollyon. Ahora nadie cree ya en los ángeles, y el guerrero que en otro tiempo arrastró ciudades enteras a la ruina se limita a vigilar la entrada del pozo sin fondo, rodeado de humo, fuego y una oscuridad sin final. Su única ventana al exterior es una piscina de luz donde desfilan las escenas de la vida humana: guerra, sangre, muerte, la misma historia repitiéndose. Espera una orden que no llega. Y entretanto, casi sin admitirlo, ha ido deteniendo la mirada una y otra vez en la misma mortal: una joven rubia que pasea sola por un parque de París con el gesto de quien carga un peso demasiado grande.
Cuando por fin siente la llamada —esa certeza física de que alguien pronuncia su nombre—, Apollyon no lo duda: despliega las alas, atraviesa la roca y sale al aire libre de un verano que no sabía que había llegado. Pero la voz que lo ha convocado no es la de su dueño. Es la de ella. Serenity, hija de una madre que le enseñó los viejos dioses y los viejos rituales, ha pedido venganza junto a una fuente, con el corazón roto y sin la menor intención de invocar a nadie. El hechizo era pequeño. La respuesta, no.
El primer encuentro va mal. Serenity ve lo que ningún mortal puede ver —la armadura negra y dorada, las alas inmensas, el aura de destrucción— y echa a correr convencida de que Abaddon, el ángel de la muerte, ha venido a llevársela. Él insiste en que hace siglos que dejó ese oficio, que prefiere su verdadero nombre y que no ha acudido a arrebatarle la vida, sino a aliviarle el dolor. Cuando hinca la rodilla y le ofrece su espada, el vínculo ya está sellado: al abandonar el Infierno aceptó la misión, y con ella una dueña nueva. Un contrato que Apollyon sabe que le costará caro con quien lleva milenios sin reclamarlo.
Lo que sigue es una alianza tan incómoda como magnética. Serenity quiere que su ex pague, pero no está segura de hasta dónde, y descubre que tener a un ángel a sus órdenes obliga a decidir qué clase de justicia busca en realidad. Apollyon, que siempre despreció la debilidad de los compañeros que se enamoraron de mortales, empieza a reconocer en sí mismo la calidez que juzgaba imperdonable: la conexión que le permite sentir el dolor de ella funciona en ambas direcciones. Entre cafeterías estrechas, calles de piedra blanca y unas alas que no siempre obedecen la orden de permanecer ocultas, la venganza va quedando en segundo plano frente a una atracción que ninguno de los dos debería permitirse.
Oscura, apasionada y con un componente erótico explícito, la novela juega con el reverso de la iconografía angélica: aquí el ser celestial es un destructor cansado de su cautiverio, y la mortal que lo domina es una bruja que apenas confía en su propio don. Una historia de deseo intenso y amor prohibido que abre la Antología Ángel y establece su premisa central: qué ocurre cuando un guerrero eterno descubre que la libertad y la condena pueden tener el mismo rostro.