Un retrato periodístico de Angela Merkel construido desde el país que la formó y que ella transformó. La autora, corresponsal en Alemania durante años, alterna la crónica de viaje con el análisis político para explicar cómo una física del…
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Un retrato periodístico de Angela Merkel construido desde el país que la formó y que ella transformó. La autora, corresponsal en Alemania durante años, alterna la crónica de viaje con el análisis político para explicar cómo una física del Este, hija de un pastor protestante, llegó a gobernar dieciséis años sin perder una elección y se convirtió en la referencia europea del siglo XXI. Ni hagiografía ni ajuste de cuentas: una aproximación honesta a una figura que sigue siendo, en lo personal, un enigma.
Hay líderes que se explican por sus discursos y otros que solo se entienden por su manera de estar en la sala. Este libro parte de esa segunda hipótesis para abordar a Angela Merkel: la canciller que se marchó por voluntad propia tras cuatro mandatos, después de que sus adversarios llevaran años anunciando un ocaso que nunca llegaba.
El relato arranca en Templin, la pequeña ciudad al norte de Berlín donde creció la hija de un pastor protestante que cruzó el telón de acero en dirección contraria a la de casi todos. Allí, en un recinto que era también hogar para personas con discapacidad, y en un régimen que vigilaba a las familias religiosas con especial atención, se forjó un carácter reconocible después en cada cumbre europea: escuchar antes de hablar, medir cada palabra, no adelantar la decisión, esperar. La autora reconstruye esos años con testimonios de profesores, vecinos y antiguos disidentes, y los cruza con las propias declaraciones de Merkel sobre su infancia, unas de las pocas veces en que se abrió con detalle.
De ahí, el libro se despliega hacia la Alemania contemporánea. La aterrizada marciana en la CDU que derribó a su mentor y a todos sus rivales sucesivos. La política pragmática hasta el vértigo, capaz de girar ciento ochenta grados en la energía nuclear, el matrimonio igualitario, las cuotas o la deuda común europea sin ceder en un puñado de principios innegociables. La adalid de la austeridad a la que el sur de Europa no perdona los años de ajuste, y la canciller que en 2015 decidió no cerrar las fronteras, una elección que enorgulleció a media Alemania y empujó a la otra media hacia una extrema derecha que acabó entrando en el Bundestag.
El retrato no se limita al despacho. La autora recorre el país en tren y convierte cada parada en un capítulo del mismo argumento: los archivos de la Stasi, pueblos idílicos que votan a la ultraderecha, iglesias que esconden a solicitantes de asilo, campamentos climáticos, una residencia de mayores congelada en la estética de la RDA, una exposición sobre las raíces culturales de la austeridad alemana. De ese mosaico emerge algo más que una biografía: la fotografía de una potencia con infraestructuras deterioradas, burocracia asfixiante y una frontera invisible que treinta años después sigue partiendo el país en dos.
El balance que propone el libro es deliberadamente incómodo. Casi una década de crecimiento y desempleo en mínimos, sí, pero también un centroderecha desnortado y sin sucesor, socios de coalición triturados, oposición desmovilizada y decisiones aplazadas hasta que se volvieron urgentes. Frente a los líderes que negocian a gritos, un estoicismo sin ego que funcionó como arma: quien la atacaba solía terminar perdiendo. Y detrás de todo ello, una mujer austera a la que es posible encontrarse empujando el carrito del supermercado y que planta patatas los fines de semana, de la que dieciséis años en el poder apenas han dejado escapar unas cuantas anécdotas.
Basado en decenas de entrevistas —muchas con fuentes que solo hablaron bajo anonimato estricto—, en años de cobertura sobre el terreno y en una relación personal con Alemania que arranca en la adolescencia, este es un libro sobre una política fascinante y sobre el continente que moldeó, por acción y también por omisión.