Un recorrido narrativo por siete siglos de historia británica, desde el colapso del dominio romano hasta la conquista normanda de 1066, que traza cómo un mosaico de reinos paganos y en guerra se transformó en el reino cristiano y unificado…
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Un recorrido narrativo por siete siglos de historia británica, desde el colapso del dominio romano hasta la conquista normanda de 1066, que traza cómo un mosaico de reinos paganos y en guerra se transformó en el reino cristiano y unificado de Inglaterra. A través de figuras como Alfredo el Grande, Atelstán o la casa de Godwin, y de hallazgos arqueológicos como los tesoros de Sutton Hoo y Hoxne, la obra reconstruye la etnogénesis de los anglosajones alejándose de mitos posteriores sobre una supuesta edad dorada.
El libro se propone responder a una pregunta aparentemente sencilla: ¿quiénes fueron los anglosajones? Para ello, en lugar de ofrecer una síntesis abstracta de un periodo que abarca más de setecientos años, el autor organiza el relato en capítulos centrados cada uno en un momento y, con frecuencia, en una figura histórica concreta: reyes como Offa, Alfredo el Grande, Atelstán o Etelredo el Indeciso, obispos como san Wilfrido y san Dunstán, y linajes como el de los Godwinsson. Ese armazón biográfico sirve de hilo conductor para explicar procesos de fondo mucho más amplios: la caída de la administración romana en Britania, la llegada y asentamiento de pueblos germánicos, la formación de reinos rivales, la implantación gradual del cristianismo, las devastadoras invasiones vikingas y, finalmente, la construcción de un reino inglés unificado que acabaría cayendo ante los normandos. El primer capítulo parte de un episodio revelador: el hallazgo casual, en 1992, de un tesoro tardorromano enterrado en Hoxne, Suffolk, que sirve para ilustrar el clima de inseguridad, colapso económico y desintegración militar que precedió al fin del gobierno romano en la isla a comienzos del siglo V. Desde ahí, la narración sigue el hilo de la evidencia arqueológica y textual disponible —siempre escasa e irregular— para mostrar cómo, de las cenizas de Britania romana, fue emergiendo con el paso de los siglos una identidad colectiva y unas instituciones que perduran hasta hoy. La obra insiste, además, en una advertencia metodológica: los anglosajones no deben idealizarse como una supuesta edad de oro de libertades perdidas ni leerse en clave de mitos nacionales posteriores, sino comprenderse en sus propios términos, con sus logros artísticos e institucionales y también con su violencia, su desigualdad y su dependencia de la esclavitud. El resultado es una historia continua y accesible, apoyada en fuentes primarias y en los hallazgos arqueológicos más significativos —del yelmo de Sutton Hoo al Tapiz de Bayeux—, que combina rigor académico con voluntad narrativa.