«Anónimo veneciano» narra el reencuentro entre un hombre y la mujer de la que se separó años atrás, citados en Venecia sin que ella sepa aún el verdadero motivo: él está muriendo.
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«Anónimo veneciano» narra el reencuentro entre un hombre y la mujer de la que se separó años atrás, citados en Venecia sin que ella sepa aún el verdadero motivo: él está muriendo. A lo largo de un trayecto en vaporetto por el Gran Canal, ambos recorren con ironía, rencor y ternura contenida los restos de un matrimonio roto, los hijos que cada uno ha tenido con otras vidas y el orgullo herido de un artista que nunca alcanzó el reconocimiento que creía merecer. Venecia, brumosa y en permanente decadencia, actúa como espejo de esa despedida que todavía no se atreve a nombrarse.
Giuseppe Berto abre el libro con un prefacio en primera persona en el que explica el origen de esta obra: nació como el diálogo cinematográfico que escribió en 1967 para Enrico Maria Salerno, y solo más tarde, tras leer una traducción inglesa que convertía sus acotaciones en prosa narrativa, decidió reescribirlo él mismo como relato. El autor se defiende de las acusaciones de oportunismo comercial que rodearon la publicación original —coincidente en el tiempo con el éxito de «Love Story»— y reivindica esta versión como un trabajo de reelaboración literaria genuina, hecho con la ambición de dar profundidad psicológica a unos personajes que el simple diálogo teatral no permitía desarrollar.
La historia arranca con la llegada, en el tren de mediodía procedente de Milán, de una mujer elegante y visiblemente tensa a quien espera en el andén su antiguo marido, un hombre rondando la cuarentena, con aspecto de genio venido a menos. Entre ambos median ocho años de silencio, un hijo en común, Giorgio, que ella cría junto a un nuevo marido rico e influyente, y una hija más pequeña, Silvia, nacida de esa segunda relación. Él la ha llamado por teléfono sin explicar por qué, y ella ha acudido, tras consultar con su abogado, temiendo una emboscada relacionada con la anulación matrimonial que él nunca quiso tramitar ante el Tribunal de la Rota.
A bordo de una motonave que atraviesa el Gran Canal camino de la Academia, la conversación entre los dos avanza a golpes de sarcasmo, provocación y momentos de inesperada ternura: recuerdan su primer encuentro como estudiantes contestatarios en Venecia, discuten sobre el dinero y la nueva vida de ella, sobre la paternidad de Giorgio y sobre las infidelidades pasadas, mientras él insinúa veladamente, sin llegar a decirlo, que la verdadera razón de haberla convocado es mucho más grave que unos reproches conyugales. Bajo el tono hiriente y el orgullo de un hombre que nunca triunfó como esperaba, se adivina la angustia de quien sabe que se acerca su final y busca, en la mujer que fue su esposa, una última forma de compañía antes de la muerte, en una ciudad —Venecia— que envejece y se hunde al mismo ritmo que él.