Un adolescente californiano recién llegado a Honolulu a mediados de los años sesenta narra su primer año en una escuela secundaria hostil y el descubrimiento de un tramo de arrecife frente a Diamond Head que se convierte en su refugio: ahí…
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Un adolescente californiano recién llegado a Honolulu a mediados de los años sesenta narra su primer año en una escuela secundaria hostil y el descubrimiento de un tramo de arrecife frente a Diamond Head que se convierte en su refugio: ahí aprende a leer el mar, hace amigos entre familias hawaianas de surfistas y empieza a entender, ola a ola y pelea a pelea, la compleja trama racial y social de la isla.
Estas memorias arrancan en 1966, cuando la mudanza de una familia de clase media desde California a Honolulu coloca a su hijo mayor, de trece años, en una escuela pública del barrio obrero de Kaimuki, muy distinta de los colegios que conocía. Ajeno al mapa étnico y social de la isla, el narrador atraviesa un curso marcado por el acoso de un compañero mayor, peleas casi rituales organizadas entre alumnos y la sensación constante de no pertenecer a ningún grupo. Fuera del aula, sin embargo, encuentra un territorio propio: la rompiente de Cliffs, un mosaico de arrecifes al pie de Diamond Head, muy alejado de las olas espectaculares que había imaginado a través de las revistas de surf. Allí, remando solo al amanecer y por las tardes entre surfistas locales, va reconociendo estilos, jerarquías tácitas y una forma de convivencia que no existía en su vida escolar. La amistad con Roddy Kaulukukui, un chico de su edad con un talento excepcional sobre la tabla, lo introduce en la vida de una familia hawaiana de tradición surfista —su padre, sus hermanos, su círculo de amigos— y, a través de ellos, en referencias culturales, creencias y jerarquías que hasta entonces le eran ajenas, desde la diosa Pele hasta la existencia legendaria de Waimea Bay. En paralelo, su ingreso en una pandilla local de adolescentes blancos marginales le ofrece cierta protección social a la vez que lo enfrenta, sin grandes teorías pero con plena crudeza, a las tensiones raciales heredadas de la historia colonial de Hawái. El relato combina así la crónica íntima de una integración difícil con la educación sensorial y técnica de un surfista principiante que, arrecife a arrecife, empieza a distinguir la geografía invisible del océano y su propio lugar, todavía incierto, dentro de ella.