Compilación de los textos con los que Jorge Dimitrov enfrentó al régimen nazi tras el incendio del Reichstag de 1933: la orden de detención, sus declaraciones ante la policía, las cartas dirigidas al juez instructor y al presidente del…
Descargar
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.
Compilación de los textos con los que Jorge Dimitrov enfrentó al régimen nazi tras el incendio del Reichstag de 1933: la orden de detención, sus declaraciones ante la policía, las cartas dirigidas al juez instructor y al presidente del tribunal, los fragmentos taquigráficos de las sesiones de Leipzig y su discurso de conclusión, precedidos de un esbozo biográfico que reconstruye su trayectoria desde aprendiz de tipógrafo en Bulgaria hasta dirigente de la Internacional Comunista.
El 27 de febrero de 1933 ardió el edificio del Reichstag en Berlín. La acusación cayó de inmediato sobre los comunistas y, diez días después, tres búlgaros —Dimitrov, Popov y Tanev— fueron detenidos en la capital alemana. De aquel montaje judicial nació uno de los episodios más singulares de la historia procesal del siglo XX, y este volumen lo reconstruye con los documentos que lo produjeron.
El libro se organiza en dos movimientos. El primero es un esbozo biográfico, reproducido de una edición parisina de 1949, que sigue a Dimitrov desde la aldea de Kovatchevtizi hasta las salas del Tribunal Imperial: el niño que abandona la escuela a los doce años y aprende el oficio de tipógrafo, el militante de quince años en la Unión de Impresores de Sofía, el secretario sindical, el diputado más joven del país y primer obrero que llega a un parlamento en el sureste de Europa, el organizador de las grandes huelgas de Pernik, Sliven y Kostenetz, el exiliado condenado dos veces a muerte en rebeldía tras el golpe de 1923, el publicista que recorre Viena, Berlín y París cambiando de nombre y de rostro.
El segundo movimiento es el expediente mismo. Aquí están la orden de detención firmada en Berlín el 31 de marzo de 1933, con su enumeración de artículos del Código Penal; las declaraciones que el detenido redactó ante las autoridades de instrucción policiaca, donde desmonta punto por punto la acusación y explica por qué un comunista es, por principio, adversario del terror individual; la correspondencia con el juez instructor y con el presidente de la IV Sección Penal, escrita desde una celda sin recursos ni defensa; los apuntes preparatorios del primer discurso; y las versiones taquigráficas de las sesiones celebradas entre septiembre y noviembre de aquel año, hasta el discurso de conclusión que el tribunal no le permitió terminar.
Lo que esos folios registran es una inversión de papeles. El acusado interroga, el testigo se descompone, el presidente pierde el hilo de la audiencia y ordena expulsiones. Comparecen Göring y Goebbels, y las réplicas quedan fijadas en la transcripción con una nitidez que ninguna crónica posterior podría mejorar. Dimitrov pregunta por el pasadizo subterráneo que conduce al Reichstag, cuestiona la verosimilitud de que Van der Lubbe incendiara solo un edificio de esas dimensiones, cita a Goethe sobre el yunque y el martillo, y rechaza incluso el modo en que otros defensores plantean su alegato.
Cierran el volumen las notas sobre la sentencia —que absolvió a los acusados búlgaros—, una entrevista concedida tras el fallo, una carta al ministro del Interior del Reich y el encuentro con corresponsales soviéticos y extranjeros. El conjunto se lee a la vez como pieza documental y como manual involuntario de conducta ante un tribunal que ya ha decidido el veredicto: un testimonio de primera mano sobre cómo se fabrica una causa política y sobre qué queda cuando alguien se niega a colaborar con esa fabricación.