En la madrugada de su decimoctavo cumpleaños, Elizabeth Valchar despierta en la cubierta del velero familiar y descubre su propio cuerpo flotando en el agua, junto al muelle.
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En la madrugada de su decimoctavo cumpleaños, Elizabeth Valchar despierta en la cubierta del velero familiar y descubre su propio cuerpo flotando en el agua, junto al muelle. Guiada por Álex Berg, un compañero de instituto muerto un año antes en un atropello, comienza a reconstruir fragmentos de su vida y a enfrentarse a quién fue realmente antes de morir.
La noche transcurre en calma sobre el Elizabeth, el crucero familiar amarrado en un muelle de Connecticut, hasta que un golpeteo insistente contra el casco despierta a Elizabeth Valchar minutos después de que, oficialmente, haya cumplido dieciocho años. Al salir a cubierta para averiguar qué lo provoca, encuentra su propio cuerpo flotando entre el barco y el muelle, con la ropa y las botas de cumpleaños que llevaba puestas horas antes. Sus amigos, dormidos a bordo tras una fiesta de alcohol y marihuana, no logran verla ni oírla por más que grita y los zarandea.
Sola frente a su cadáver, Elizabeth se aferra a la idea de que todo es una pesadilla o el efecto de alguna sustancia, hasta que aparece Álex Berg, un antiguo compañero de clase al que apenas recordaba y que murió atropellado en bicicleta el año anterior. Álex, hastiado y distante, le explica que ambos comparten una misma condición: están muertos y atrapados en el mismo lugar donde vivieron, sin memoria completa de lo ocurrido la noche de su propia muerte. Él ha pasado meses deambulando solo, visitando a una familia deshecha por el duelo, sin descubrir aún quién lo mató.
A través de él, Elizabeth aprende que puede acceder a recuerdos del pasado como si los reviviera desde fuera, y juntos regresan a una escena del instituto, dos años atrás, en la cafetería. Allí se ve a sí misma junto a su círculo de amigos populares —Josie, Caroline, Topher, Richie y Mera— presenciando, entre risas cómplices y silencio, cómo Topher humilla públicamente a un compañero, Frank, mientras Álex observa desde los márgenes, invisible para el grupo dominante del comedor. La escena revela una faceta de Elizabeth que ella misma no recordaba: la popularidad, la crueldad tolerada, la distancia social que la separaba de quienes no pertenecían a su grupo.
De vuelta en el presente, mientras amanece sobre el muelle, Elizabeth ve a su novio Richie salir a cubierta llamándola sin saber que está a su lado, y comprende que la búsqueda apenas empieza: para entender cómo murió —y quién era en realidad— tendrá que enfrentarse a recuerdos que prefería no mirar, guiada a regañadientes por el único testigo capaz de verla.
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