Un ensayo que traza la historia del encuentro entre feminismo y antropología, mostrando cómo la crítica feminista dejó de limitarse a 'añadir' mujeres a los estudios etnográficos para replantear desde sus cimientos la teoría antropológica,…
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Un ensayo que traza la historia del encuentro entre feminismo y antropología, mostrando cómo la crítica feminista dejó de limitarse a 'añadir' mujeres a los estudios etnográficos para replantear desde sus cimientos la teoría antropológica, situando el género como principio estructural de toda sociedad humana.
Esta obra, coordinada por Isabel Morant Deusa dentro de la colección ‘Feminismos’ y respaldada por un consejo asesor de reconocidas especialistas, ofrece un recorrido crítico por las décadas en que la antropología social tuvo que confrontar su propio androcentrismo. Partiendo de la constatación de que la mujer nunca estuvo del todo ausente de los informes etnográficos —aunque sí distorsionada por la mirada de investigadores e informantes varones—, el libro reconstruye el surgimiento de la llamada ‘antropología de la mujer’ a comienzos de los años setenta y su posterior transformación en una auténtica antropología feminista, centrada ya no solo en describir la vida de las mujeres sino en analizar el género como relación y como estructura.
A lo largo de sus capítulos, la autora examina los debates fundacionales sobre la asimetría sexual y el dominio masculino, revisa la aportación de la antropología marxista al estudio de la propiedad, la herencia y la división del trabajo, y explora cómo el auge del capitalismo transformó las tareas productivas y reproductivas de la mujer, incluidas las mutaciones de la familia. El recorrido culmina con una mirada a la relación entre la mujer y el Estado, terreno que la obra señala como el más novedoso para la investigación futura.
Un hilo conceptual recorre todo el libro: la noción de ‘grupos silenciados’ formulada por Edwin Ardener, según la cual las estructuras dominantes imponen sus modos de expresión y ahogan visiones alternativas del mundo, aunque quienes las sostienen no dejen nunca de hablar. A partir de ahí, la obra discute si las mujeres están mejor capacitadas que los hombres para estudiar a otras mujeres, y advierte de los riesgos de convertir ese planteamiento en una subdisciplina marginal o en la aceptación acrítica de una categoría universal de ‘mujer’. Frente a esa universalidad, se defiende que las experiencias femeninas solo cobran sentido situadas en contextos históricos, culturales, raciales y económicos concretos, lo que obliga a repensar tanto el proyecto comparativo de la antropología como la propia coherencia política del feminismo ante la cuestión de la diferencia.
El volumen se cierra con un análisis de la categoría de género y el estatus femenino, retomando la vieja controversia antropológica sobre el origen y la posible universalidad de la subordinación de la mujer, y proponiendo nuevas vías para pensarla más allá de los modelos evolucionistas clásicos.
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