Crónica personal de la temporada 1995/96 del Atlético de Madrid, contada capítulo a capítulo desde la grada por un aficionado que convirtió el único doblete del club en el eje sentimental de su memoria.
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Crónica personal de la temporada 1995/96 del Atlético de Madrid, contada capítulo a capítulo desde la grada por un aficionado que convirtió el único doblete del club en el eje sentimental de su memoria.
Hay temporadas que se cuentan con datos y otras que solo pueden contarse con nervios. Esta obra pertenece de lleno a la segunda categoría: es el diario emocional de un seguidor del Atlético de Madrid que se propuso reconstruir, jornada a jornada, el curso 1995/96, aquel en que el club ganó la Liga y la Copa del Rey en el mismo ejercicio.
El relato no empieza con la euforia, sino con el descenso rozado. Arranca en junio de 1995, en un último partido de Liga jugado con la oreja pegada al transistor, entre resultados cruzados, campos convertidos en pachanga y una permanencia que llega más por aritmética ajena que por mérito propio. Desde ahí, el autor retrocede para explicar cómo se llegó a ese punto: una sucesión de proyectos fallidos, entrenadores despedidos en cadena, fichajes que salieron rana y una afición acostumbrada a la resignación y al apodo de “El Pupas”. Ese contraste es el motor del libro. Sin el fondo de los años malos, el año bueno no significaría nada.
Lo que sigue es la crónica de una transformación que nadie vio venir. La llegada de un técnico con pasado en el banquillo rival, sus peticiones incomprensibles —empezando por la insistencia en un portero que acababa de firmar un final de temporada desastroso—, la contratación de un centrocampista treintañero procedente de una liga menor que resultaría decisivo a balón parado, y la consolidación de una alineación que la afición terminaría recitando de memoria. Cada capítulo lleva un título propio, a menudo irónico, y funciona como una entrada de diario: el partido, el resultado, y sobre todo lo que se sintió antes, durante y después.
El libro se sostiene en una voz reconocible: coloquial, autoirónica, saturada de referencias a la cultura popular de la época —los primeros móviles, la televisión, el cine, la música— que sitúan el relato tanto en un estadio como en un momento concreto de España. El humor es constante, incluso mordaz con los rivales, pero convive con una sinceridad que aflora en los pasajes personales: el recuerdo del padre que llevó al autor por primera vez al campo, las supersticiones asumidas sin pudor, la obsesión por identificar al culpable de la mala suerte colectiva, el llanto contenido durante casi dos décadas que se desborda en la última jornada.
El prólogo, firmado por otro aficionado, funciona como un contrapunto: ofrece la perspectiva del que también estuvo allí, detalla las claves futbolísticas de aquel equipo y prolonga la mirada hacia la temporada siguiente, con sus alegrías europeas y su eliminación amarga. Al final, el volumen se completa con datos de plantilla, un análisis del rápido declive posterior de aquel grupo y un epílogo que sigue el rastro de sus protagonistas.
Más que un anuario deportivo, esto es un ejercicio de memoria afectiva. El autor lo dice sin rodeos: para él, 1996 no es el año de unas elecciones ni de unos Juegos Olímpicos, es el año del doblete. Y todo el libro está construido para explicar por qué un resultado deportivo puede convertirse en la unidad de medida con que alguien ordena su propia biografía.
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