Escrito en forma de preguntas y respuestas, este libro reúne las dudas más frecuentes que Alfonso Saborido Salado ha recibido a lo largo de años enseñando reiki a distancia.
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Escrito en forma de preguntas y respuestas, este libro reúne las dudas más frecuentes que Alfonso Saborido Salado ha recibido a lo largo de años enseñando reiki a distancia. Sin pretender ser un tratado exhaustivo, explica en lenguaje llano qué significan Rei y Ki, cómo llegó Mikao Usui a esta práctica japonesa, para qué sirven los símbolos, cómo se estructura una sesión y qué niveles existen, con una insistencia constante: el reiki acompaña, pero nunca sustituye al tratamiento médico.
Hay libros de reiki que nacen de un temario y libros que nacen de una conversación. Este pertenece al segundo grupo. Su autor, maestro desde 2014 y divulgador de la práctica por internet, ha reunido aquí las preguntas que cientos de alumnos le formularon durante años de enseñanza a distancia, y ha construido con ellas el índice del volumen. El resultado es una segunda edición organizada por interrogantes —¿qué es reiki?, ¿cómo apareció?, ¿cualquiera puede practicarlo?, ¿hay que pagar por recibirlo?— que puede leerse de principio a fin o consultarse por el capítulo que resuelva la duda concreta del momento.
El recorrido empieza por lo esencial. La palabra reiki se desarma en dos mitades: Rei, la energía del universo del que también estamos hechos, y Ki, esa animosidad que distingue a un ser vivo y que se desvanece con la muerte. El autor se detiene en advertir que ninguno de los dos conceptos coincide con lo que en Occidente entendemos por energía, y menos aún con la definición de la física; entender el reiki, sostiene, exige asomarse a otra cultura antes que traducirla apresuradamente a la propia.
Desde ahí el libro reconstruye la figura de Mikao Usui —el estudiante que le preguntó si Jesús podía sanar con las manos, los años de estudio comparado de religiones, el retiro de veintiún días en el monte Kurama Yama, la visión de los símbolos, el episodio del abuelo y la nieta que dio origen a la idea del reiki como algo que se comparte y no se negocia— y traza el linaje que va de Usui a Chujiro Hayashi y a Hawayo Takata, la vía por la que la práctica llegó a Occidente. A ello se suman los cinco principios que el autor considera tan importantes como la técnica misma.
La parte más práctica desmenuza una sesión completa: cómo preparar la estancia, cómo se traza el Cho Ku Rei, en qué consiste alisar el aura, la serie de posiciones de manos con sus tres minutos por punto marcados por la campanilla de la música, el equilibrado de los siete chakras principales y el cierre. También aborda el autorreiki, la sesión en silla cuando no hay camilla, las adaptaciones sanitarias del protocolo y un capítulo de ética profesional que el autor subraya con firmeza: escuchar sin preguntar, guardar el secreto de lo que se cuenta, no diagnosticar nunca y dejar claro al paciente que ningún tratamiento médico debe abandonarse.
El volumen no elude los debates internos de la disciplina. Se pregunta abiertamente si conviene cobrar por dar reiki o por enseñarlo, distingue entre cubrir gastos y lucrarse, describe los tres niveles y los símbolos asociados a cada uno, y reconoce las discrepancias que existen entre maestros sobre la necesidad de la iniciación. En todo momento defiende una idea sencilla: practicar reiki no requiere ningún don, ninguna adscripción religiosa ni condición de elegido, sino una técnica que se aprende, se practica y se transmite.
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