Un neurólogo neoyorquino narra bajo seudónimo una serie de muertes inexplicables que lo enfrentan a un caso clínico imposible de explicar con la ciencia convencional, mientras un poderoso jefe del hampa le pide ayuda para descubrir qué…
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Un neurólogo neoyorquino narra bajo seudónimo una serie de muertes inexplicables que lo enfrentan a un caso clínico imposible de explicar con la ciencia convencional, mientras un poderoso jefe del hampa le pide ayuda para descubrir qué fuerza está aniquilando a los suyos.
La novela se presenta como el testimonio personal de un médico especialista en enfermedades mentales que, para proteger su reputación profesional, oculta su verdadera identidad tras el nombre de Lowell. Desde el prólogo advierte que lo que va a relatar desafía los límites de la ciencia médica ortodoxa y roza tradiciones de conocimiento oculto transmitidas desde la antigüedad.
La trama arranca una madrugada de noviembre, cuando el doctor es abordado a las puertas de su hospital por Ricori, un temido y elegante líder del crimen organizado, que trae consigo a un hombre de su entera confianza sumido en un estado inexplicable: cuerpo completamente laxo, insensible a cualquier estímulo, y un rostro fijo en una expresión de terror absoluto. Ricori exige discreción y protección, y ofrece al médico una recompensa desmedida por resolver el misterio, oferta que este rechaza por principios profesionales, aunque acepta hacerse cargo personalmente del caso.
Las horas siguientes convierten la investigación clínica en una pesadilla: análisis de sangre que revelan fenómenos imposibles bajo el microscopio, una rigidez cadavérica que se completa en un tiempo anormalmente breve, y, sobre todo, un cambio de expresión en el rostro del paciente que pasa del horror más puro a un regocijo que solo puede describirse como diabólico, incluso después de la muerte. La autopsia no encuentra ninguna causa médica: el paciente gozaba de salud perfecta y, sin embargo, ha muerto.
Convencido de que no se trata de un caso aislado, el doctor envía un cuestionario confidencial a colegas de toda la ciudad y descubre que, en los meses previos, otras siete personas de edades, oficios y clases sociales muy distintas fallecieron en circunstancias idénticas: el mismo terror final, la misma rigidez precipitada, los mismos gestos post mortem que ningún manual de medicina legal puede justificar. Uno de los médicos consultados le confía además un detalle que no se atrevió a poner por escrito: la sospecha de que la conciencia de la víctima persistió incluso después de la muerte clínica.
A partir de estos hallazgos se teje una alianza inesperada entre el médico, aferrado a la razón científica, y Ricori, hombre de mundo marcado por la superstición y el miedo a enemigos que no sabe nombrar. Juntos empiezan a rastrear un patrón que apunta hacia algo mucho más antiguo y perturbador que cualquier explicación forense, situado en el cruce entre la psicología anormal, la superstición popular y una amenaza que parece operar fuera de cualquier categoría médica conocida.