Sara, ama de casa de cuarenta y dos años, descubre que su matrimonio ha sido una cárcel construida con prejuicios ajenos. Al conocer a Gabriel, empieza a desmontar cada norma que le impusieron y a reclamar el deseo, la autoestima y el…
Descargar
Sara, ama de casa de cuarenta y dos años, descubre que su matrimonio ha sido una cárcel construida con prejuicios ajenos. Al conocer a Gabriel, empieza a desmontar cada norma que le impusieron y a reclamar el deseo, la autoestima y el nombre propio que había enterrado durante dos décadas.
Alicia Raigal firma en «Ardo en Deseo» un relato en primera persona sobre una mujer que aprende, tarde y a un precio alto, que su vida le pertenece. Sara tiene cuarenta y dos años, una hija de doce y veinte de matrimonio con Tomás, un camionero al que eligieron sus padres antes que ella. La fachada es impecable: casa, familia, rutina. Detrás hay una vocación de pintora clausurada bajo llave, un cuarto propio convertido en sala de recreo masculina, una intimidad que se agota en el deseo ajeno y una red de silencios sostenida por la amenaza.
La novela reconstruye ese cerco con una franqueza casi documental: la religiosidad de unos padres que aconsejan perdonar, las amigas que hablan de una por encima de su cabeza, la traición que llega desde el lugar más cercano, la violencia que se minimiza llamándola tontería. Sara narra sin coartadas, incluidas las propias, y esa voz sin filtro —coloquial, cruda, a ratos desarmante— es el verdadero motor del libro.
El punto de giro llega con Gabriel, un hombre recién separado con quien Sara inaugura una relación sin eufemismos. Lo que empieza como conversación y complicidad se convierte en la puerta por la que salen, uno a uno, los prejuicios que la definían. La autora es explícita en su planteamiento: Gabriel no es el destino, sino el hilo conductor. Los encuentros que siguen —cada vez más numerosos, más audaces y también más arriesgados— devuelven a Sara la sensación de ser deseada y de gustarse, mientras la empujan hacia un bucle que terminará poniendo en peligro su seguridad y la de quienes la rodean.
Es, por tanto, una obra doble: erótica en su superficie y de emancipación en su fondo. La sexualidad funciona aquí como territorio de aprendizaje —el lugar donde Sara ensaya decir sí, decir no y mirarse sin vergüenza—, y el balance final no lo firma ningún amante: la protagonista concluye que la única responsable de sus actos, y la única que despertó lo que llevaba dentro, es ella misma. Un retrato incómodo y directo del deseo femenino en la madurez, escrito para lectores adultos que no busquen consuelo sino verdad reconocible.