Un veterano de guerra se detiene en el foro de Salliche, cede a la insistencia de un grupo de niños y les concede un relato breve. Lo que sigue es una estampa de la Antigua República: la crónica de una banda de merodeadores acorazados que…
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Un veterano de guerra se detiene en el foro de Salliche, cede a la insistencia de un grupo de niños y les concede un relato breve. Lo que sigue es una estampa de la Antigua República: la crónica de una banda de merodeadores acorazados que arrasó ciudades, destruyó un espaciopuerto y saqueó cámaras del tesoro sin que nadie llegara a ver sus rostros, y el desenlace inesperado que puso fin a su leyenda. En apenas unos párrafos, esta viñeta ambientada en el universo de Star Wars construye una escena de transmisión oral y la remata con una moraleja sobre la distancia entre el aspecto temible y la fuerza real.
El general Geen, ya anciano y apoyado en su bastón, camina por el foro de Salliche cuando los niños del lugar lo rodean reclamando una historia de las antiguas guerras. Accede a contar solo un relato corto, se sienta en un banco de piedra y abre la narración con una fórmula que sitúa los hechos varias generaciones atrás, en tiempos en que el abuelo de su abuelo servía como general de la Antigua República.
La historia que refiere es la de una gran banda de bandidos merodeadores que sembró el terror sin que se conociera su identidad: destruyeron ciudades enteras, mataron a inocentes, arrasaron el espaciopuerto de Wroona y asaltaron las Cámaras del Tesoro de Narner. Su anonimato era parte del miedo que inspiraban, porque sus rostros permanecían ocultos tras las máscaras frías de unas armaduras de batalla que el narrador describe con detalle casi inventarial: brazos erizados de blásters, mochilas propulsoras a la espalda, cascos con sensores de puntería y computadoras de seguimiento, trofeos colgando de cinturones de municiones y hombreras, placas pectorales multicolores marcadas por incontables impactos.
Cuando uno de los niños interrumpe para preguntar cómo fueron detenidos, el veterano llega al punto que venía preparando. Toda aquella panoplia no bastó: los mercenarios fueron destruidos por completo por un único caballero Jedi llamado Soonis. La conclusión de Geen, entregada con una sonrisa torcida, funciona como cierre y como tesis de la pieza, la advertencia de que las apariencias externas suelen ser engañosas.
El texto es una viñeta breve construida como cuento dentro de un marco. El marco —el veterano, el banco de piedra, los niños impacientes— importa tanto como la anécdota, porque convierte la historia en materia de tradición oral: algo que se repite, se abrevia y se cuenta para dejar una enseñanza. La descripción de las armaduras concentra casi todo el peso descriptivo del relato y prepara el contraste final, en el que un solo combatiente sin arsenal visible basta para desmontar una leyenda de terror. Esta edición corresponde a una traducción al español realizada de forma amateur y sin fines comerciales por aficionados a Star Wars, y se distribuye gratuitamente.
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