Publicada en Valencia en 1801, esta poética del jesuita Juan Francisco de Masdeu enseña el arte del verso mediante nueve diálogos entre el maestro Metrófilo y la discípula Sofronia, con la voluntad declarada de que pueda aprenderlo…
Descargar
Publicada en Valencia en 1801, esta poética del jesuita Juan Francisco de Masdeu enseña el arte del verso mediante nueve diálogos entre el maestro Metrófilo y la discípula Sofronia, con la voluntad declarada de que pueda aprenderlo cualquier persona de mediano talento, sin distinción de sexo ni de edad. Su núcleo es un sistema métrico propio que descompone el verso en unidades interiores y anticipa modos de analizar el ritmo todavía vigentes.
Juan Francisco de Masdeu (Palermo, 1744 – Valencia, 1817), jesuita de familia barcelonesa y autor de la Historia crítica de España, concibió este tratado como un manual accesible: no una poética para eruditos, sino un curso que lleva de la lectura correcta a la composición. La forma elegida es el diálogo: Metrófilo, cuyo nombre declara dónde está el centro del libro, instruye a Sofronia en nueve conversaciones que avanzan de lo particular a lo general.
El recorrido empieza por la naturaleza y la utilidad de la poesía, con la imitación y la verosimilitud como asuntos centrales y una comparación memorable entre el poema y el sueño, junto a la idea de que todas las cosas guardan relaciones ocultas que al poeta toca descubrir: cuanto más lejanas y difíciles, más admirable el hallazgo. Siguen la sílaba y el acento, y con ellos la métrica, que ocupa el corazón de la obra: clases de versos según el número de sílabas y la posición de los acentos, rima y estrofas. Después llegan las poesías cortas —odas, coplas, sonetos, seguidillas, elegías, fábulas, sátiras y las que llama extravagantes, como el eco o el laberinto— y las largas, del poema heroico al teatro con música y sin ella. Los dos últimos diálogos tratan el lenguaje poético y resumen la mitología antigua.
Lo distintivo está en el sistema métrico. Masdeu prescinde de la cantidad silábica heredada del latín y descompone el verso en versitos, grupos internos de sílabas y acentos que explican su cadencia; él mismo advirtió que el procedimiento era nuevo. De ahí salen descripciones luego muy citadas, como la del endecasílabo dactílico o la del eneasílabo de ritmo ternario, y un modo inductivo de analizar el ritmo que anticipa a Sinibaldo de Mas, a Andrés Bello y, más tarde, a Navarro Tomás. La crítica decimonónica osciló entre el desdén y el reconocimiento: Menéndez Pelayo, que tenía a Masdeu por escaso poeta, le concedió ingenio en la parte mecánica del arte.
La edición de José Domínguez Caparrós parte del texto valenciano de 1801, lo sitúa en la trayectoria apologética y filológica de su autor —incluida la versión italiana de 1803— y lo acompaña de notas y de un diccionario de términos.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.