En una playa apartada de Carolina del Sur aparece el cuerpo de un anciano al que todos llamaban simplemente «el viejo de la playa». Logan, un navegante solitario que ha vuelto a Kingdom Point solo para visitar a una vieja amiga, lo…
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En una playa apartada de Carolina del Sur aparece el cuerpo de un anciano al que todos llamaban simplemente «el viejo de la playa». Logan, un navegante solitario que ha vuelto a Kingdom Point solo para visitar a una vieja amiga, lo encuentra y, minutos después, se convierte en blanco de los disparos de Julie, la sobrina del muerto. Entre acusaciones cruzadas, una casa vigilada y unos hombres armados que buscan algo, el forastero descubre que marcharse ya no es una opción.
Logan llega a Kingdom Point con el mismo plan de siempre: fondear el «Sea Urchin» frente a la costa, juntar almejas al amanecer y compartir un almuerzo con Jennifer Holden, la bibliotecaria que lo une a un pasado que preferiría no nombrar. El amanecer, sin embargo, le devuelve otra cosa: el cuerpo todavía tibio de un anciano al que la gente del lugar conocía sin nombre, muerto a golpes entre las dunas.
Antes de que pueda avisar a nadie, una bala le roza la manga. Quien dispara es Julie, la sobrina del muerto, convencida de haber sorprendido al asesino registrando los bolsillos de su tío. El forcejeo termina con el rifle en manos de Logan y con una tregua incómoda: ella lo lleva hasta la casa desvencijada donde vivían, un lugar poblado de jaulas, redes, telas a medio pintar y equipos de buceo, el retrato de una vida modesta que no explica por qué alguien querría matar a su dueño.
La explicación llega enseguida, y llega armada. Tres hombres entran a exigir algo que el viejo habría escondido y Julie, con un cálculo veloz, deja que crean que Logan sabe dónde está. La violencia que estalla en el living lo convierte en algo peor que un testigo: en el hombre al que una organización entera quiere encontrar. Desde un crucero fondeado en el puerto, Doris y Varney reordenan el mando tras la muerte de uno de los suyos y mandan vigilar a la muchacha día y noche, seguros de que tarde o temprano los llevará hasta él.
Logan intenta lo único que suele hacer con los problemas ajenos: irse. Pero la policía del pueblo no piensa investigar, la sospecha empieza a apuntarlo a él y Jennifer le advierte que cada vez que vuelve trae la mirada más dura. Entre una alarma de huracán, una carta guardada en la cabina que le recuerda una búsqueda pendiente y una muchacha capaz de pasar de la furia a la súplica en un instante, el forastero tendrá que decidir hasta dónde está dispuesto a implicarse para probar su inocencia y averiguar qué escondía un hombre que, en apariencia, no tenía nada.
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