Cuando a Lana Rubicon, una implacable promotora inmobiliaria de Los Ángeles, le diagnostican tumores cerebrales, se ve obligada a instalarse en la humilde casa de su hija Beth junto a la marisma de Elkhorn Slough.
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Cuando a Lana Rubicon, una implacable promotora inmobiliaria de Los Ángeles, le diagnostican tumores cerebrales, se ve obligada a instalarse en la humilde casa de su hija Beth junto a la marisma de Elkhorn Slough. Entre el resentimiento acumulado, una convalecencia incierta y algo extraño que alguien arroja de madrugada en el agua, madre e hija tendrán que reconstruir una relación rota justo cuando la tranquila comunidad costera empieza a esconder algo más oscuro que la muerte natural de sus marismas.
Beth ha construido una vida modesta y serena junto a la marisma de Elkhorn Slough, donde trabaja como enfermera geriátrica y cría sola a su hija adolescente, Jack. Es un mundo regido por ciclos naturales de vida y muerte —focas varadas, nutrias, mareas— que ella ha aprendido a aceptar sin dramatismo. A cientos de kilómetros al sur, su madre, Lana, vive exactamente la vida opuesta: una promotora inmobiliaria exitosa, exigente y distante, que mide su valor en contratos cerrados y apariencia impecable. Cuando Lana se desploma en su cocina y los médicos descubren varios tumores cerebrales, su mundo de control absoluto se derrumba de golpe, y por primera vez en años se ve obligada a pedirle ayuda a la hija de la que se ha mantenido alejada.
Lo que empieza como una cirugía urgente en Stanford se convierte en una convalecencia forzosa: Lana debe mudarse a la pequeña casa de Beth mientras dura el tratamiento, dejando atrás su carrera, su ayudante y la vida que había construido para sí misma. El choque entre la sofisticación exigente de Lana y la vida sencilla y desordenada de la marisma reabre viejas heridas entre madre e hija, mientras Jack observa cómo la abuela que apenas conocía se instala, resentida y frágil, en su propio dormitorio.
Pero la convivencia forzada coincide con algo inquietante: en las noches de insomnio provocadas por la quimioterapia, Lana empieza a vigilar la marisma desde su ventana y descubre que no todo lo que se mueve en la oscuridad pertenece al mundo animal. Una figura con una carretilla recorre la orilla de madrugada, deshaciéndose de algo en el agua salobre, y la curiosidad de Lana —la misma tenacidad que la convirtió en una fuerza imparable en los negocios— empieza a apuntar hacia un secreto humano escondido entre la niebla, los cangrejos y las aves carroñeras que hasta ahora solo habían presenciado muertes naturales.
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