Mogadiscio, 2009. Ashia tiene trece años, ayuda en el taller de reparación de calzado de su padre y cada viernes recorre tres kilómetros para escuchar a su abuela contar cómo era París.
Descargar
Mogadiscio, 2009. Ashia tiene trece años, ayuda en el taller de reparación de calzado de su padre y cada viernes recorre tres kilómetros para escuchar a su abuela contar cómo era París. En una ciudad donde las niñas se venden al mejor postor y las milicias entran en las casas sin llamar, esa costumbre es su única forma de libertad. Cuando su mejor amiga desaparece camino de un matrimonio pactado y un hombre poderoso pone precio al nombre de Ashia, el trayecto de siempre deja de ser seguro. Neo Coslado firma una novela breve y directa, escrita con pulso de crónica.
Hay una calle polvorienta en Mogadiscio que Ashia conoce de memoria: la que separa la casa de barro donde vive de la zapatería en la que su padre repone suelas gastadas. La recorre con la cabeza baja y el paso rápido, como le enseñaron, sin mirar a los hombres con los que se cruza. Tiene trece años, unos ojos almendrados que no sabe disimular y una vida repartida entre las tareas domésticas, sus dos hermanos pequeños y los encargos urgentes del taller. La escuela quedó atrás no por decisión suya, sino porque volver de ella una tarde estuvo a punto de costarle la vida.
Lo que sostiene a Ashia es un ritual semanal. Cada viernes camina tres kilómetros hasta la casa de Mamá Samuba, su abuela, que fue cocinera de la embajada francesa y viajó a París con el último embajador. Entre una sopa de harina y maíz y unas tazas de porcelana que aún conserva, la anciana repite siempre las mismas historias: la Torre Eiffel, el Sena, una buhardilla de paredes verde pastel, mujeres que visten como quieren y nadie les dice nada. Ashia se sabe las respuestas de memoria y aun así vuelve a preguntar, porque esas sobremesas son el único lugar donde la palabra libertad significa algo concreto.
El equilibrio se rompe con Ismiliya. La amiga de la infancia, la que siempre ganaba al tres en raya dibujado con un palo en la tierra roja, aparece llorando en una esquina: su padre la ha vendido a un hombre de sesenta y tres años. Ashia promete ayudarla y tarda unas noches de más en encontrar un escondite. Cuando por fin llama a su puerta, ya es tarde. Esa culpa, y la rabia que la acompaña, marcan el resto del relato.
A su alrededor, la novela va tejiendo otras vidas que terminarán cruzándose con la suya. Abdul, un joven que dejó a su madre y a su abuela al cuidado la una de la otra para trabajar en el matadero, regresa una tarde a un charco de sangre en su puerta y a tres rostros que no volverá a olvidar. Ali Salad Farrah, un hombre de traje caro y gesto de asco, entra en la zapatería de Yamil con una oferta que no admite negativa y recibe una: mi hija no está en venta. Sobre todo ello planea, desde las primeras páginas, la voz de un carcelero que anuncia a una niña encerrada la fecha de su castigo, y el gesto mínimo de alguien que, antes de salir de la celda, cierra los ojos y aprieta el puño para darle fuerzas.
Periodista y locutor, Neo Coslado escribe con la sobriedad del reportaje y la estructura de la ficción: capítulos cortos, escenas concretas, ningún subrayado sentimental. El prólogo de Mario Escobar la emparenta con Caperucita Roja, salvo que aquí el bosque es real y el lobo tiene nombre y dinero. El resultado es una historia incómoda y legible a partes iguales sobre el matrimonio forzado, la mutilación genital femenina y el precio que pagan quienes no pueden defenderse. Parte de los ingresos del libro se destina a ACNUR.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.