Un recorrido crítico y documentado por los monstruos modernos —del kraken al chupacabras— que no busca demostrar si existen, sino explicar cómo llegamos a creer en ellos.
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Un recorrido crítico y documentado por los monstruos modernos —del kraken al chupacabras— que no busca demostrar si existen, sino explicar cómo llegamos a creer en ellos.
Hay una categoría de monstruos que suele quedar fuera de los estudios eruditos: no los de la mitología clásica ni los del cine de terror, sino aquellos que ciudadanos de todo el mundo afirman haber visto en mares, lagos, montañas y bosques. La gran serpiente marina, el monstruo del lago Ness, el yeti, el bigfoot, el chupacabras. Criaturas que, en teoría, serían las únicas reales, porque hay testigos, fotografías, huellas y filmaciones que las respaldan. Son el objeto de estudio de la criptozoología, esa disciplina que se presenta como ciencia de los animales ocultos y que la academia mantiene a distancia.
Este ensayo se adentra en ese territorio con una premisa distinta a la habitual. No pretende dictaminar si esas criaturas existen ni desmontarlas una por una desde el escepticismo: le interesa mucho más entender los mecanismos por los que se genera y se sostiene la creencia en seres tan improbables. El autor propone leer a los monstruos modernos como leyendas contemporáneas —relatos que el narrador cree verdaderos, que circulan como creíbles y que resultan imposibles de verificar— y rastrear su nacimiento, su transmisión y sus sucesivas transformaciones en la cultura popular. Frente al manual enciclopédico que fosiliza a cada criatura en una ficha inmutable, aquí se practica una arqueología de las ideas: qué observación estuvo en el origen, cómo la recogieron los medios, qué expectativas colectivas vino a colmar, de qué tradiciones previas bebía.
El itinerario se organiza en tres grandes bloques. El primero está dedicado a los monstruos acuáticos: el kraken, el pulpo gigante, las sirenas y la gran serpiente marina, figuras salidas de las mitologías clásica y nórdica que la modernidad naturalizó como enigmas zoológicos, hasta desembocar —cruzadas con el hallazgo de los grandes saurios prehistóricos— en los monstruos lacustres del siglo XX. El segundo aborda los monstruos homínidos, herederos de los gigantes, las razas monstruosas y el hombre salvaje: el yeti como cruce entre leyendas asiáticas y la mirada colonial occidental, el sasquatch como adaptación del espíritu de los bosques de las tradiciones indígenas, el bigfoot como su versión estadounidense contemporánea. El tercero reúne fenómenos sociológicos diversos —el diablo de Jersey, la bestia de Gévaudan, el mothman, los llamados «animales fuera de sitio»— y culmina en el monstruo por antonomasia de la globalización: el chupacabras, un vampiro conectado con la ufología, las teorías conspirativas y las redes sociales.
El relato no renuncia al placer de la buena historia. Por sus páginas desfilan el descrédito de la Sociedad Linneana de Nueva Inglaterra, la fotografía más célebre del género fabricada con un juguete infantil por venganza contra un periódico, el robo de una supuesta mano del yeti, el bigfoot congelado que ahuyentó a la ciencia. También los descubrimientos que alimentan la esperanza de los creyentes: el okapi, el dragón de Komodo, el celacanto, el calamar gigante, el pecarí del Chaco. El resultado es un ensayo que examina la iconografía, la prensa, el folklore y el testimonio con el mismo cuidado, y que cierra con un balance del estatuto científico de la criptozoología y del contenido simbólico que estos seres tienen en nuestro tiempo. Un prólogo firmado por Javier Sierra sitúa la cuestión de fondo: los monstruos nacen de observaciones que clasificamos según nuestra cultura, y los nombres que les damos son etiquetas con las que enmascaramos nuestra propia ignorancia.
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