Una joven criada entre hoteles y salas de juego pierde a su padre y debe reinventarse como maestra rural en una comunidad holandesa cerca de Chicago, en el arranque de una historia sobre la distancia entre las expectativas maternas y lo…
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Una joven criada entre hoteles y salas de juego pierde a su padre y debe reinventarse como maestra rural en una comunidad holandesa cerca de Chicago, en el arranque de una historia sobre la distancia entre las expectativas maternas y lo que la vida realmente entrega.
La novela se abre con un apodo: Sobig, la deformación cariñosa de ‘So Big’ que persigue al pequeño Dirk DeJong hasta que, a los diez años, se impone a puñetazos el derecho a usar su verdadero nombre. Ese juego infantil entre madre e hijo —‘¿cómo de grande es mi niño?’— sirve de contrapunto irónico a toda la trama: años después, Dirk será un hombre de éxito material, trajeado por sastres ingleses y dueño de lujos, pero su madre, Selina, sentirá que ese triunfo no es la grandeza que había imaginado para él. La historia retrocede entonces hasta la juventud de Selina Peake, hija de un jugador profesional de trato elegante y fortuna errática, con quien recorrió hoteles y pensiones de varias ciudades norteamericanas llevando una vida nómada, culta y solitaria, alimentada de teatro y de novelas leídas sin supervisión. Un episodio infeliz junto a dos tías puritanas en Vermont marca el único paréntesis gris de su infancia, antes de instalarse con su padre en un Chicago pujante de los años ochenta del siglo XIX. Allí cursa estudios en una escuela selecta, traba una amistad desigual con Julie Hempel —hija de un próspero carnicero— y absorbe de su padre una filosofía vitalista: que la existencia es una gran aventura y que las personas se dividen entre quienes son ‘trigo’ y quienes son ‘esmeralda’. La muerte súbita y violenta de su padre, víctima de una bala ajena en una casa de juego, deja a Selina con una modesta herencia y ninguna otra opción aceptable más que trabajar. Rechazando el destino apagado que temía, acepta una plaza de maestra en la escuela de High Prairie, un distrito agrícola de granjeros holandeses a las afueras de Chicago, y se instala en casa del granjero Klaas Pool. El viaje hacia su nuevo hogar, entre campos de coles que ella ve como piedras preciosas y su anfitrión ve solo como coles, anuncia el choque —y el diálogo posible— entre la sensibilidad de Selina y el mundo práctico y terrenal en el que ha decidido echar raíces.