Reunión de anécdotas breves sobre la vida de José Martí, compiladas por Gonzalo de Quesada y Miranda y publicadas en La Habana en 1977. A través de escenas mínimas —una frase, un gesto, una réplica— el libro busca dibujar el carácter del…
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Reunión de anécdotas breves sobre la vida de José Martí, compiladas por Gonzalo de Quesada y Miranda y publicadas en La Habana en 1977. A través de escenas mínimas —una frase, un gesto, una réplica— el libro busca dibujar el carácter del pensador y revolucionario cubano para un público joven.
Este volumen recoge decenas de estampas breves de la vida de José Martí, ordenadas cronológicamente desde la infancia hasta los años finales de la preparación revolucionaria. Su autor, Gonzalo de Quesada y Miranda, había publicado en 1948 un primer anecdotario martiano de setenta y cinco piezas; aquí retoma y amplía aquel trabajo con un propósito declarado en el prólogo: ofrecer a los lectores jóvenes un retrato preciso del hombre, no una hagiografía difusa.
El libro se construye con un método deliberadamente modesto. Cada anécdota ocupa media página o menos y gira alrededor de un solo momento: el niño que consigue unas tijeras para liberar el grillo atado de un compañero; el adolescente que asume él solo la autoría de una carta comprometedora ante el consejo de guerra y termina condenado a presidio; el deportado que guarda bajo la almohada los grilletes que le dejaron marcas en la carne, para no olvidar el dolor ajeno; el hombre que se abre la chaqueta en un portal de Madrid y muestra la espalda cruzada de cicatrices antes de aceptar un apretón de manos.
La selección abarca las estaciones geográficas de su destierro —España, Guatemala, México, Venezuela, Santo Domingo, Costa Rica, Nueva York, Tampa, Cayo Hueso— y alterna registros con soltura. Hay episodios de dignidad intransigente (la renuncia a un puesto de profesor en Guatemala antes que consentir una injusticia, aun a costa del hambre; la negativa a firmar una adhesión a España que le habría permitido quedarse en la Isla) junto a escenas de una cortesía casi doméstica: el enjuagatorio bebido para no avergonzar a un comensal desorientado, la moneda entregada a un carretero que acababa de insultarlo, la reprensión a unos hermanos que hablaban con rudeza a la suya.
Buena parte del material proviene de testigos directos —discípulos, anfitriones, correligionarios y adversarios políticos— y de ahí procede tanto su vivacidad como su límite, que el propio compilador reconoce sin rodeos: la anécdota está teñida por la impresión subjetiva de quien la cuenta, y no todas resisten un escrutinio documental estricto. Algunas se incluyen, admite, más por su verosimilitud que por su comprobación, amparadas en la vieja fórmula italiana sobre lo que, si no es cierto, está bien hallado.
El conjunto adquiere su forma en las conversaciones más extensas, que funcionan como el centro argumental del libro: la discusión con Máximo Gómez en Santo Domingo, donde al escepticismo del general responde con la fórmula de que la revolución se hará con los desatinos mismos de España; y el largo intercambio neoyorquino con el autonomista Nicolás Heredia, que atraviesa varias entradas y culmina en una réplica de sequedad memorable ante quien afirmaba ver la atmósfera serena. Junto a ellas aparecen la ética del trato con el adversario, la insistencia en que la peor raza es la de los viles, la fe en la instrucción de los emigrados y la convicción, dicha sin énfasis, de que su papel se reducía a reunir los elementos que otros manejarían y, llegada la hora, a morir por lo que amaba.
Editado por Rigoberto Monzón Llambía, con diseño de Enrique Martínez Blanco e ilustraciones de Bladimir González Linares, el libro apareció bajo el sello Editorial Gente Nueva. Su interés hoy es doble: como puerta de entrada a una biografía a través de fragmentos legibles de un tirón, y como documento de cómo una tradición cultural elige recordar y transmitir a sus figuras fundadoras.